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Asesinaron a un barrabrava ligado a Los Monos en Rosario

27/08/202611 min de lectura3 comentarios

Juan José “Juancito” Gómez fue asesinado de cinco disparos frente a su vivienda de barrio Tiro Suizo. Había recuperado la libertad en julio y mantenía una disputa con integrantes de Los Menores.

Asesinaron a un barrabrava ligado a Los Monos en Rosario

Juan José “Juancito” Gómez, de 26 años y vinculado al ambiente de las barras bravas de Rosario, fue asesinado durante la noche del miércoles frente a la vivienda que habitaba en la zona de Garibaldi al 2400. Un atacante que descendió de un automóvil gris le disparó al menos cinco veces y, según la información difundida sobre el caso, remató el ataque con un tiro en la cabeza. La víctima había salido de prisión el 1° de julio, después de cumplir casi un año por su participación en una balacera investigada como un autoatentado.

El crimen ocurrió alrededor de las 23, en inmediaciones del pasaje Aldana y Garibaldi, frente a un complejo de departamentos. Gómez se encontraba en la vereda, aparentemente a la espera de otra persona, cuando un hombre bajó de un vehículo gris y abrió fuego a corta distancia. En el lugar quedaron cinco vainas servidas, un elemento que será incorporado a la investigación para establecer el calibre utilizado y reconstruir la secuencia del ataque.

Según Fuente original, la información se basa en El asedio al barrabrava Juancito y un final postergado por un tiempo en prisión.

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La pareja de la víctima, identificada como Erika, trasladó a Gómez en un vehículo particular hasta el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez. Los profesionales médicos constataron que ya había fallecido como consecuencia de las heridas. La modalidad del homicidio, la cantidad de disparos y la fuga del atacante son algunos de los aspectos que deberán ser analizados por la Fiscalía de Rosario y los investigadores policiales.

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La muerte de Gómez se produjo casi dos meses después de su salida de prisión y en un contexto de enfrentamientos dentro del universo de la barra brava de Rosario Central. El joven había sido identificado como un integrante cercano al entorno de Andrés “Pillín” Bracamonte, histórico jefe de Los Guerreros asesinado en noviembre de 2024. Después de ese crimen, distintos grupos disputaron el control de la tribuna y de los negocios asociados a la estructura barrial.

Asesinaron barrabrava ligado Monos Rosario: Un crimen conectado con la disputa por la barra de Rosario Central

De acuerdo con las investigaciones citadas en la información original, Gómez mantenía vínculos con sectores relacionados con Los Monos y respondía a los intereses de Leandro “Pollo” Vinardi, un integrante del clan Cantero que, pese a encontrarse detenido, habría conservado influencia sobre la barra brava de Newell’s mediante distintos operadores.

La muerte de Bracamonte modificó el equilibrio interno de Los Guerreros. El desplazamiento de quienes habían permanecido cerca del antiguo jefe dejó espacio para que Los Menores, una organización criminal con base en el barrio 7 de Septiembre, reclamara mayor influencia sobre la hinchada canalla. En ese reordenamiento, Gómez y su hermano, conocido como “Gamuza”, quedaron fuera de la estructura que dominaba el paravalanchas de Rosario Central.

La disputa no se expresó solamente dentro del estadio Gigante de Arroyito. También apareció en amenazas, mensajes y pancartas colocadas en distintos puntos de la ciudad. Durante las horas posteriores al homicidio, una bandera fue encontrada en la zona de Juan B. Justo y avenida Circunvalación, uno de los accesos al barrio identificado como territorio de Los Menores. El mensaje cuestionaba a los responsables del asesinato y llevaba una firma atribuida a “Los verdaderos Guerreros”.

La aparición de esa pancarta deberá ser evaluada por los investigadores junto con otros antecedentes del conflicto. Por sí sola no permite atribuir responsabilidades penales, pero puede aportar información sobre las tensiones entre grupos y sobre la intención de instalar una respuesta pública frente al homicidio. En causas de estas características, las consignas callejeras, los mensajes telefónicos y las publicaciones en redes suelen formar parte del material que se analiza para reconstruir alianzas y amenazas previas.

Los mensajes que habían anticipado la tensión

La investigación contra Los Menores ya había incorporado conversaciones de teléfonos secuestrados en distintos procedimientos. En uno de esos intercambios, Andrés “Andi” Palavecino, señalado como uno de los referentes de la organización y actualmente detenido, habría mencionado un conflicto con Gómez por la actividad en la cancha y una supuesta recompensa ofrecida por su cabeza.

El contenido atribuido a esa conversación también hacía referencia a Gómez y a su hermano Gamuza, además de vincularlos con Vinardi. La existencia de esos mensajes no demuestra por sí misma quién ejecutó el homicidio ocurrido en Garibaldi, pero constituye un antecedente relevante para determinar si existía una amenaza concreta y si el ataque pudo estar relacionado con la disputa por el control de la tribuna.

La avanzada de Los Menores habría obligado a los hermanos a abandonar el espacio que ocupaban en el Gigante de Arroyito. Más tarde, ambos fueron asociados con sectores de la hinchada de Newell’s que continuaban relacionados con Los Monos. Ese desplazamiento entre tribunas rivales muestra la flexibilidad de algunas alianzas dentro de las estructuras violentas del fútbol rosarino, donde los acuerdos pueden responder más a intereses criminales que a la pertenencia deportiva.

El antecedente del autoatentado que llevó a Gómez a prisión

Gómez había recuperado la libertad el 1° de julio, luego de declararse culpable por su participación primaria en un ataque contra la vivienda de la activista Norma Acosta. La casa, ubicada en Larguía al 3400, había recibido siete disparos durante la mañana del 7 de mayo de 2025.

La investigación judicial concluyó que el episodio no había sido una agresión externa espontánea, sino un ataque planificado para simular una represalia de la Policía de Santa Fe. Según la hipótesis de la causa, Acosta se había comunicado previamente con personas vinculadas a la barra brava de Newell’s y a Los Monos con el objetivo de organizar la balacera contra su propia vivienda.

En ese esquema, Gómez habría conseguido una pistola calibre 9 milímetros. También habría intervenido para que Nahuel “Monta” Depetris contactara a dos jóvenes encargados de trasladarse en bicicleta hasta la casa y efectuar los disparos. Cuando la maniobra quedó al descubierto, Acosta fue detenida y continúa privada de su libertad, mientras que Gómez se presentó ante la sede de Asuntos Internos el 5 de septiembre de 2025.

El antecedente explica por qué el joven permaneció casi un año detenido y por qué su salida de prisión se produjo después de un acuerdo judicial. Sin embargo, la libertad recuperada no significó el final de los conflictos que lo rodeaban. Su regreso al territorio donde vivía volvió a exponerlo a una disputa que, según la información reunida en diferentes expedientes, ya había incluido amenazas, desplazamientos y ataques contra personas ligadas a las barras.

El peso de los antecedentes familiares y las redes criminales

Gómez era oriundo de Puente Gallego y su nombre aparecía asociado a distintos actores del ambiente delictivo rosarino. Su hermano Gamuza también había sido relacionado con la barra de Rosario Central. En octubre de 2021, durante un operativo de gran escala contra Los Monos, personal de la Agencia de Investigación Criminal había demorado a Gamuza en una vivienda de calle Montecarlo. En ese procedimiento se secuestraron entradas para un recital de L-Gante previsto en el estadio cubierto de Newell’s.

Ese dato no implica que la tenencia de entradas constituya por sí sola una prueba de participación criminal, pero forma parte de los antecedentes que los investigadores utilizaron para examinar la relación de los hermanos con las estructuras de las hinchadas. En Rosario, los expedientes vinculados con barras bravas suelen incluir referencias a la administración de accesos, la recaudación informal, la seguridad en los estadios y la capacidad de movilizar grupos para acciones intimidatorias.

Otro nombre mencionado en el entramado es Juan Domingo “Cascarita” Domínguez, un barrabrava asociado alternativamente con sectores de Rosario Central y Newell’s. Domínguez fue asesinado en agosto de 2025, cuando fue atacado en su quiosco del barrio Hospitales. La sucesión de homicidios y amenazas reforzó la hipótesis de que las disputas por las tribunas forman parte de conflictos más amplios, con ramificaciones en los barrios y en economías ilegales.

Una investigación que deberá separar hipótesis de pruebas

La principal dificultad para esclarecer el homicidio será determinar quién ordenó y quién ejecutó el ataque. La existencia de una disputa previa con Los Menores, los mensajes incorporados a otras causas, la pancarta aparecida después del crimen y los vínculos atribuidos a Gómez representan líneas de investigación, pero no permiten establecer responsabilidades sin peritajes, testimonios y evidencia material.

Los investigadores deberán revisar cámaras públicas y privadas de la zona, identificar el recorrido del automóvil gris, levantar rastros en la escena y analizar las vainas encontradas en la calle. También será importante determinar si el vehículo utilizado fue robado, si tenía una patente visible y cuánto tiempo permaneció en el lugar. La declaración de la pareja de la víctima y de los vecinos puede aportar datos sobre los movimientos previos y posteriores al ataque.

La balística permitirá establecer si el arma utilizada en Garibaldi fue empleada en otros hechos. En Rosario, ese cotejo es especialmente relevante porque una misma pistola puede aparecer en diferentes investigaciones y ayudar a vincular episodios que inicialmente parecen aislados. Los teléfonos de la víctima también podrían aportar información sobre contactos recientes, amenazas o encuentros pactados.

La causa deberá contemplar además la posible relación entre el homicidio y el expediente por el autoatentado. Aunque no hay información concluyente que vincule ambos hechos de manera directa, los investigadores deberán establecer si la participación de Gómez en aquella maniobra generó nuevas amenazas o si su asesinato respondió exclusivamente a la pelea por la conducción de la barra.

Cómo repercute el crimen en la seguridad urbana de Rosario

El asesinato vuelve a exponer la conexión entre violencia urbana, estructuras de hinchadas y organizaciones criminales con capacidad para desplegar sicarios. El ataque ocurrió frente a una vivienda habitada, en una zona residencial y durante la noche, lo que plantea riesgos concretos para vecinos y transeúntes. La presencia de cinco vainas en la vía pública confirma que se utilizó un volumen de fuego elevado en un espacio cercano a viviendas y vehículos.

Para los organismos de seguridad, el caso también implica revisar la protección y el seguimiento de personas que recuperan la libertad después de participar en hechos asociados con grupos violentos. La excarcelación o el cumplimiento de una condena no elimina automáticamente los conflictos previos, aunque cualquier medida de vigilancia debe ajustarse a las decisiones judiciales y a las garantías legales vigentes.

El homicidio puede generar nuevas amenazas o represalias, especialmente por la pancarta colocada en un acceso al barrio 7 de Septiembre. Por esa razón, el monitoreo de los puntos vinculados con las hinchadas, los alrededores de los estadios y las zonas donde operan los grupos mencionados será una tarea central para evitar que la disputa escale con nuevos ataques.

La violencia asociada a barras también tiene efectos indirectos sobre la actividad comercial, el transporte urbano y la circulación en los barrios. Los cortes de calles, los operativos policiales y las restricciones alrededor de los estadios alteran recorridos, horarios y rutinas de miles de personas. Ese impacto se suma a los problemas que ya enfrenta la ciudad y exige coordinación entre la Justicia, la policía provincial, el municipio y las autoridades deportivas.

La cobertura de otros hechos vinculados con seguridad y circulación urbana puede consultarse en las secciones de Actualidad y Informes de AGENDA PORTUARIA, donde se abordan acontecimientos con incidencia sobre la actividad cotidiana y la infraestructura de Rosario.

La información original sobre el homicidio fue publicada por Rosario3. La investigación continúa y, hasta que avance la causa, las referencias a posibles autores intelectuales o materiales deben ser consideradas hipótesis sujetas a comprobación judicial.

El asesinato de Juan José Gómez se inscribe en una cadena de enfrentamientos que combina disputas por el control de una tribuna, vínculos con organizaciones criminales y antecedentes de ataques armados. El desafío para la Justicia será reconstruir con precisión esa red sin convertir los antecedentes de la víctima en una explicación automática del crimen, mientras las autoridades intentan prevenir nuevas represalias en Rosario.

FAQ

Preguntas frecuentes

¿Quién era Juan José “Juancito” Gómez?

Era un joven de 26 años vinculado al ambiente de las barras bravas de Rosario. Las investigaciones lo relacionaban con sectores cercanos a Los Monos y con el entorno de Andrés “Pillín” Bracamonte.

¿Dónde ocurrió el asesinato?

El ataque ocurrió durante la noche frente a la vivienda que Gómez habitaba en la zona de Garibaldi al 2400, en Rosario, cerca del pasaje Aldana.

¿Qué se sabe sobre el atacante?

Según la información difundida, un hombre descendió de un automóvil gris, disparó contra Gómez y escapó. La identidad del atacante y la de quien pudo haber ordenado el crimen todavía no fueron confirmadas judicialmente.

Equipo editorial

Agustina Roldán

66 notas11 min de lectura

Editor digitalActualidad

Autor del equipo editorial de Agenda Portuaria, especializado en puertos, logística, comercio exterior y sector agroindustrial.

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Conversación editorial

3 comentarios en esta nota

Sumate al debate sobre esta cobertura del sector portuario y logístico.

  1. Otra vez una ejecución a plena luz del día y con una precisión que asusta. En Rosario ya no alcanza con detener a los que disparan: habría que investigar cómo se organizan, qué cámaras funcionan y por qué nadie detecta estas disputas antes de que terminen en otro homicidio. La tecnología puede ayudar, pero sin decisión política queda todo en parches.

  2. Otra vez Rosario atrapada en una pelea entre bandas que parece no terminar nunca. Con cámaras, celulares y sistemas de monitoreo por todos lados, cuesta entender que estos movimientos sigan pasando sin que nadie los detecte antes. ¿Cuánto se investiga realmente la red detrás de estos crímenes y no solo al que dispara?

    1. Es una preocupación válida: esclarecer quién ejecutó el crimen es apenas una parte. La investigación debería avanzar sobre autores intelectuales, financiamiento, armas, contactos y eventuales complicidades. Las cámaras y los celulares pueden aportar pruebas, pero no reemplazan el trabajo fiscal y policial ni garantizan prevención. La clave estará en que la causa no se limite al último eslabón de la cadena.

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