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Ernesto Sanz: “Milei y el kirchnerismo son primos hermanos”

13/08/202612 min de lectura2 comentarios

El exsenador radical reconstruyó el origen de Cambiemos, explicó por qué rechazó cargos durante el gobierno de Mauricio Macri y cuestionó los límites políticos y sociales del ajuste impulsado por Javier Milei.

Ernesto Sanz: “Milei y el kirchnerismo son primos hermanos”

Ernesto Sanz volvió a ocupar el centro de la escena política con una mirada crítica sobre el gobierno de Javier Milei, el kirchnerismo y la construcción de Cambiemos. El dirigente radical sostuvo que ambos espacios, aunque se presenten como adversarios irreconciliables, comparten una lógica de concentración del poder y planteó la necesidad de reconstruir una coalición republicana de centro que pueda ofrecer una alternativa competitiva en la Argentina.

Ernesto Sanz transita una etapa alejada de los cargos públicos, pero conserva una perspectiva privilegiada sobre las coaliciones opositoras, la dinámica interna de la Unión Cívica Radical y las dificultades que enfrenta el sistema político argentino. A punto de cumplir setenta años, el exsenador nacional eligió priorizar su familia, su estudio jurídico y su vida en San Rafael antes que aceptar nuevas responsabilidades institucionales.

Según Fuente original, la información se basa en Ernesto Sanz: «Milei y el kirchnerismo son primos hermanos».

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En una entrevista publicada por El Economista, Sanz repasó episodios decisivos de su trayectoria y reveló detalles de la negociación que desembocó en la creación de Cambiemos. También analizó el presente nacional y trazó un paralelismo provocador entre Javier Milei y el kirchnerismo, dos corrientes que se definen como opuestas, pero que, según su interpretación, comparten rasgos de una política basada en la confrontación permanente y el liderazgo personalista.

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Ernesto Sanz: La advertencia de Sanz sobre Milei y el kirchnerismo

La frase más contundente de la conversación fue la definición de que Milei y el kirchnerismo son “primos hermanos”. No se trata de una equiparación programática completa, sino de una comparación sobre la forma de ejercer el poder. Para Sanz, ambos espacios tienden a construir una relación directa entre el líder y la sociedad, reducen el papel de las instituciones intermedias y convierten el conflicto político en una herramienta central de acumulación.

El exjefe de la UCR considera que el oficialismo libertario logró canalizar el malestar social provocado por años de inflación, deterioro del ingreso y pérdida de confianza en los partidos tradicionales. Sin embargo, advierte que la legitimidad de origen no alcanza por sí sola para sostener una transformación profunda. El ajuste puede ordenar determinadas variables, pero enfrenta límites cuando impacta sobre el empleo, el consumo, las provincias, los jubilados y las actividades productivas.

Desde su perspectiva, la reducción del gasto público debe estar acompañada por una estrategia institucional y económica capaz de generar previsibilidad. Un programa de estabilización no puede depender únicamente de la voluntad presidencial ni de la capacidad de imponer una agenda desde el Poder Ejecutivo. También requiere acuerdos legislativos, coordinación federal y reglas que permitan a empresas, trabajadores y gobiernos subnacionales tomar decisiones con un horizonte más extenso.

El ajuste como herramienta y como límite político

Sanz no desconoce la gravedad de los desequilibrios que recibió la administración de Milei. La inflación acumulada, el déficit, la falta de reservas y la desconfianza sobre la moneda condicionaron el inicio de cualquier gobierno. No obstante, plantea que el orden fiscal debe ser evaluado junto con sus consecuencias sociales y productivas.

La discusión no se limita a cuánto se reduce el gasto, sino a qué áreas se recortan, con qué velocidad y qué mecanismos reemplazan a las políticas que desaparecen. En una economía federal, las decisiones nacionales repercuten sobre municipios, provincias, proveedores, transportistas y sectores exportadores. Una contracción brusca puede reducir la demanda de bienes y servicios, afectar inversiones y deteriorar la infraestructura si no existe una planificación que distinga entre gastos improductivos y obras estratégicas.

El dirigente radical también observa un riesgo político: que la frustración derivada del ajuste fortalezca nuevamente al kirchnerismo. Si la estabilización no se traduce en una mejora perceptible de los ingresos y de las expectativas, el oficialismo puede perder respaldo antes de consolidar sus reformas. Ese escenario dejaría a la oposición tradicional frente a una disyuntiva: acompañar sin condiciones, confrontar de manera permanente o construir una alternativa propia.

Cómo nació Cambiemos detrás de una cena entre Macri y Sanz

Uno de los pasajes centrales del relato de Sanz se refiere a una cena de noviembre de 2014 en el departamento de Mauricio Macri, ubicado sobre la avenida Del Libertador, en la Ciudad de Buenos Aires. El encuentro tenía un objetivo concreto: convencer al entonces jefe de Gobierno porteño de que el PRO no podía competir en soledad y que la UCR debía integrarse a una coalición institucional, sin ser absorbida por el macrismo.

Sanz llegó acompañado por Jesús Rodríguez y Juan Boni Radonjic. Del otro lado de la mesa estaban Macri, Marcos Peña y Emilio Monzó. La discusión reflejaba dos estrategias enfrentadas. Mientras Sanz buscaba formalizar un acuerdo entre partidos, el sector más cercano a Peña y al consultor Jaime Durán Barba prefería captar dirigentes radicales individualmente, debilitando la estructura de la UCR.

Según la reconstrucción del exsenador, la reunión no produjo una respuesta inmediata favorable. La dirigencia radical interpretó que había encontrado una fuerte resistencia dentro del PRO. Sin embargo, el desenlace posterior de la noche fue decisivo. Monzó salió del edificio junto con Sanz y sus acompañantes y manifestó que la estrategia de aislar al radicalismo podía conducir a una derrota. Desde ese momento, comenzó a operar como un aliado interno del armado coalicionista.

La anécdota permite entender que Cambiemos no surgió como una decisión lineal ni como un acuerdo cerrado desde el comienzo. Fue el resultado de una disputa entre distintas concepciones de la política. Una proponía una alianza con reglas y representación territorial; otra imaginaba una renovación centrada en la comunicación, el liderazgo y la incorporación selectiva de dirigentes provenientes de partidos tradicionales.

La fórmula que Sanz rechazó antes de las elecciones de 2015

Meses más tarde, durante una gira por Tucumán, Macri le ofreció a Sanz integrar la fórmula presidencial como candidato a vicepresidente. El dirigente radical rechazó la propuesta porque entendía que una candidatura conjunta no alcanzaría para ampliar suficientemente la base electoral. Su planteo era que Macri, Elisa Carrió y él compitieran en una primaria y que cada sector aportara sus propios votos.

La lógica de Sanz era electoral y coalicionista. Si los tres precandidatos reunían alrededor del treinta por ciento en las PASO, Cambiemos podía llegar competitivo a la elección general y forzar una segunda vuelta. Una fórmula integrada exclusivamente por Macri y Sanz, en cambio, podía limitar la capacidad de sumar votantes de distintos espacios opositores.

El resultado de 2015 terminó validando parcialmente ese diseño. En las PASO, Macri obtuvo aproximadamente el 24 por ciento, Sanz aportó cerca de cuatro puntos y Carrió sumó alrededor de dos. En conjunto, la coalición alcanzó el umbral previsto. En octubre, Cambiemos llegó al 34,15 por ciento frente al 37,08 por ciento de Daniel Scioli. La diferencia reducida condujo al balotaje, en el que Macri finalmente se impuso.

La construcción tuvo además una consecuencia relevante para la UCR. El radicalismo buscaba proteger las bancas legislativas que ponía en juego y terminó ampliando su representación: de acuerdo con el relato de Sanz, pasó de tener siete senadores en riesgo a obtener once y de conservar dieciocho diputados a alcanzar treinta. La alianza, por lo tanto, no fue solamente una herramienta presidencial; también modificó el equilibrio parlamentario y territorial de la oposición no peronista.

El motivo personal por el que Sanz rechazó el Ministerio de Justicia

Después de la victoria electoral, Macri le ofreció a Sanz el Ministerio de Justicia. Para un dirigente que había participado en el diseño de la coalición y que acababa de convertirse en una figura clave de la UCR, el cargo representaba la posibilidad de influir directamente en el nuevo gobierno. Sin embargo, decidió rechazarlo y también descartó otras posiciones de relevancia.

Su explicación fue personal. Sanz sostuvo que había llegado a un punto de agotamiento y que necesitaba regresar a su casa. La decisión generó sorpresa dentro del sistema político, donde suele interpretarse que la renuncia a una función pública esconde una negociación, una diferencia estratégica o una expectativa de poder futura. El exsenador insiste en que no existió un pacto secreto, sino una determinación vinculada con su vida familiar.

El dirigente mendocino explicó que quería recuperar rutinas cotidianas, compartir los domingos y acompañar a sus nietos. Su esposa había elegido permanecer ligada a la vida de campo en San Rafael, aun durante los años de mayor exposición nacional. La distancia entre las exigencias de la política y la vida familiar terminó pesando más que la posibilidad de ocupar un ministerio.

Actualmente, Sanz distribuye su tiempo entre Mendoza y Buenos Aires. Mantiene su actividad profesional y conserva vínculos con dirigentes y juristas, entre ellos Ricardo Gil Lavedra y Bernardo Saravia Frías. Su identidad política continúa asociada con el radicalismo, aunque su intervención pública aparece más enfocada en el análisis que en la disputa cotidiana por cargos.

La propuesta de una coalición republicana de centro

Frente a la polarización entre el Gobierno y el kirchnerismo, Sanz plantea reconstruir una gran coalición republicana de centro. La idea parte de un diagnóstico: ninguna de las dos fuerzas principales estaría en condiciones de ofrecer por sí sola una salida estable a los problemas económicos, institucionales y sociales del país.

Una coalición de ese tipo debería integrar sectores del radicalismo, dirigentes del PRO, referentes provinciales y actores independientes, aunque con un programa común y mecanismos de decisión transparentes. Para evitar repetir los problemas de Cambiemos, la alianza necesitaría establecer desde el inicio cómo se distribuyen las candidaturas, cuáles son las prioridades legislativas y qué autoridad tiene cada partido dentro del esquema.

El desafío no es menor. La experiencia de Cambiemos demostró que una coalición puede ser competitiva electoralmente y, al mismo tiempo, tener dificultades para gobernar si sus integrantes no comparten una hoja de ruta suficientemente precisa. Las diferencias sobre la política económica, la relación con el peronismo, el rol del Estado y la estrategia parlamentaria debilitaron al espacio durante la gestión de Macri.

En el escenario actual, una nueva alianza debería aprender de esa experiencia. No alcanzaría con reunir nombres conocidos o con enfrentar al oficialismo de turno. También sería necesario ofrecer una propuesta capaz de responder a la inflación, la pobreza, la educación, la seguridad, la infraestructura y la inserción internacional de la Argentina sin convertir cada debate en una batalla identitaria.

Qué consecuencias tendría una nueva alianza para la actividad productiva

Aunque el planteo de Sanz pertenece al terreno político, sus efectos potenciales alcanzarían a la economía real y a la cadena de suministro. Una coalición con mayor capacidad legislativa podría aportar previsibilidad a normas tributarias, laborales, cambiarias y de comercio exterior, aspectos que inciden directamente en exportadores, importadores, transportistas, puertos y empresas industriales.

Para el sector logístico, la estabilidad institucional resulta especialmente relevante. Las inversiones en terminales, depósitos, vías ferroviarias, rutas, sistemas de despacho y equipamiento portuario requieren plazos extensos y no pueden depender de cambios abruptos cada vez que se modifica la relación de fuerzas políticas. La coordinación entre Nación y provincias también es determinante para resolver cuellos de botella en accesos, conectividad y fiscalización.

Una eventual agenda republicana de centro podría priorizar acuerdos sobre infraestructura, simplificación de trámites, digitalización aduanera y desarrollo de corredores productivos. Sin embargo, esas políticas solo tendrían impacto si se articulan con un programa macroeconómico que reduzca la incertidumbre y preserve la capacidad operativa de las empresas. El comercio exterior necesita reglas previsibles, pero también financiamiento, energía competitiva y transporte eficiente.

En ese sentido, el debate político que propone Sanz no es ajeno a los intereses de la actividad portuaria y logística. La forma en que se resuelvan la disputa entre ajuste y crecimiento, la relación entre el Estado y las provincias y la construcción de acuerdos legislativos tendrá consecuencias sobre el flujo de cargas, el costo argentino y la posibilidad de atraer inversiones.

La trayectoria del exsenador muestra que las coaliciones no nacen únicamente de grandes discursos, sino también de negociaciones concretas, compromisos electorales y decisiones personales. Su alejamiento del poder y su crítica simultánea al mileísmo y al kirchnerismo expresan una búsqueda de equilibrio en un sistema político marcado por la confrontación. La incógnita es si los dirigentes capaces de compartir esa mirada podrán transformar el diagnóstico en una alternativa electoral y de gobierno con reglas claras.

Mientras tanto, Sanz observa la política desde una distancia elegida. Entre Mendoza, Buenos Aires, el trabajo profesional y los partidos de sus nietos, mantiene una preocupación que excede a un partido específico: evitar que la Argentina quede atrapada entre gobiernos de signo opuesto, pero con prácticas de poder que terminen reproduciendo la misma inestabilidad.

FAQ

Preguntas frecuentes

¿Qué dijo Ernesto Sanz sobre Javier Milei y el kirchnerismo?

Sanz afirmó que Milei y el kirchnerismo son “primos hermanos” porque, según su interpretación, ambos utilizan liderazgos personalistas, confrontación permanente y una relación directa con la sociedad en detrimento de las instituciones intermedias.

¿Cómo se originó Cambiemos según Ernesto Sanz?

El exsenador explicó que la coalición comenzó a tomar forma durante una cena con Mauricio Macri en 2014 y que Emilio Monzó se convirtió en un aliado interno para impulsar un acuerdo formal entre el PRO y la UCR.

¿Por qué Sanz rechazó ser ministro de Justicia?

Sanz sostuvo que rechazó el cargo porque decidió regresar a su casa y priorizar su esposa, sus hijos, sus nietos y su vida personal. También negó que detrás de esa decisión existiera un pacto político oculto.

Equipo editorial

Agustina Roldán

66 notas12 min de lectura

Editor digitalActualidad

Autor del equipo editorial de Agenda Portuaria, especializado en puertos, logística, comercio exterior y sector agroindustrial.

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2 comentarios en esta nota

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  1. La comparación entre Milei y el kirchnerismo puede sonar exagerada, pero algo de razón hay en esa forma de hacer política a los gritos y dividir todo en bandos. Lo interesante sería saber qué piensa Sanz hoy sobre Cambiemos: si fue un problema de origen, de conducción o de no haber cumplido lo que prometía.

  2. Interesante la reconstrucción del origen de Cambiemos, aunque Sanz también debería hacerse cargo de las decisiones que tomaron después. Es fácil marcar diferencias con el diario del lunes, pero el radicalismo tuvo un papel importante en ese armado y en sus límites. La comparación entre Milei y el kirchnerismo puede sonar provocadora, pero algo de continuidad en los métodos hay.

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