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DEA a bordo: el reclamo que vuelve a poner en foco a la flota pesquera

24/08/202610 min de lectura2 comentarios

La muerte de un tripulante del BP Arbumasa XVII en Puerto Madryn reactivó el pedido para que los pesqueros argentinos incorporen desfibriladores externos automáticos y protocolos de respuesta ante paros cardíacos.

DEA a bordo: el reclamo que vuelve a poner en foco a la flota pesquera

El fallecimiento del jefe de máquinas del BP Arbumasa XVII durante las maniobras de ingreso al puerto de Puerto Madryn volvió a exponer una dificultad crítica de la industria pesquera argentina: cómo responder ante una emergencia cardiovascular cuando la tripulación se encuentra lejos de un hospital. El episodio se suma a aeroevacuaciones, radioconsultas y otros cuadros cardíacos registrados durante 2026, y reactiva el reclamo para que los buques pesqueros de bandera nacional cuenten obligatoriamente con desfibriladores externos automáticos, capacitación en reanimación cardiopulmonar y protocolos específicos de uso.

La actividad pesquera argentina volvió a enfrentar una situación dramática vinculada con la salud de los trabajadores embarcados. Un tripulante del BP Arbumasa XVII, identificado inicialmente como jefe de máquinas, murió luego de sufrir una descompensación cuando el buque realizaba las maniobras de ingreso y amarre en el Muelle Almirante Storni de Puerto Madryn.

Según Fuente original, la información se basa en Desfibriladores a bordo: una necesidad pendiente en la flota pesquera argentina.

Personal sanitario que se encontraba en el sector portuario intervino de inmediato y practicó maniobras de reanimación cardiopulmonar durante varios minutos. Sin embargo, los esfuerzos no permitieron revertir el cuadro. De acuerdo con la información difundida en las primeras horas, la emergencia habría estado relacionada con un infarto, aunque la determinación médica definitiva depende de las actuaciones correspondientes.

El caso adquirió una dimensión que excede el doloroso hecho individual. En un buque pesquero, una urgencia cardíaca puede ocurrir durante una navegación alejada de la costa, en plena operación de captura o mientras la embarcación se prepara para regresar a puerto. La distancia, el estado del mar, las condiciones meteorológicas y la disponibilidad de medios de rescate condicionan cada minuto de la respuesta.

Para ampliar el contexto, también puede leerse Temporal marítimo replegó a más de 150 pesqueros y aceleró el fin del langostino.

DEA bordo: Una emergencia en puerto que vuelve a mirar hacia el mar

El desenlace del BP Arbumasa XVII se produjo cuando el pesquero ya se encontraba en la zona portuaria, donde fue posible contar con asistencia sanitaria. La escena, sin embargo, vuelve a plantear qué recursos tiene una tripulación cuando el mismo cuadro aparece a decenas o cientos de millas de un centro médico.

En alta mar, la primera evaluación suele construirse con la información que transmite la tripulación, los signos observables a bordo y las indicaciones de un profesional que brinda asistencia mediante radioconsulta. Esa modalidad es indispensable, pero no elimina las limitaciones propias de la medicina a distancia. El personal médico no puede realizar un examen físico completo y la tripulación debe actuar con los elementos disponibles hasta que sea posible desembarcar al paciente.

La respuesta puede incluir un cambio de rumbo, la reducción de la distancia hasta la costa, la coordinación con la Prefectura Naval Argentina y, cuando la situación lo requiere, el despliegue de aeronaves. Cada alternativa exige tiempo de preparación y depende de factores operativos que no siempre pueden controlarse desde el buque.

Aeroevacuaciones que muestran la complejidad de asistir a un pesquero

Durante 2026 se registraron distintos episodios que obligaron a desplegar operaciones sanitarias en el mar. Uno de los antecedentes más recientes ocurrió a bordo del BP Magdalena, mientras el pesquero se encontraba afectado a la pesca de langostino en aguas nacionales, inicialmente a unas 105 millas náuticas de la costa de Chubut.

Un tripulante argentino de 47 años presentó dolor en el pecho y un cuadro de hipertensión. La primera radioconsulta indicó medicación, reposo y desembarco, pero la persistencia de los síntomas llevó a una nueva evaluación y a la decisión de realizar una aeroevacuación.

La Prefectura desplegó un avión y un helicóptero, mientras el buque navegaba hacia la costa para acortar la distancia. El encuentro se concretó aproximadamente a 41,5 millas náuticas de Punta Ninfas. El trabajador fue izado mediante una canasta sanitaria y trasladado a tierra, donde quedó internado en una unidad de cuidados intensivos.

Otro caso tuvo como protagonista al BP Bogavante Segundo. El 25 de mayo, un tripulante de 45 años sufrió fuertes dolores en el pecho y el abdomen mientras el buque operaba sobre langostino, fuera de la Zona de Veda Permanente de Juveniles de Merluza. La radioconsulta estableció un diagnóstico presuntivo de dolor precordial e hipertensión arterial.

Ante la necesidad de acceder a atención hospitalaria, la Autoridad Marítima dispuso una aeroevacuación. La operación pudo concretarse durante la mañana, cuando el pesquero se encontraba a unas 12 millas náuticas de Viedma. En estos episodios, la cercanía relativa con la costa y la posibilidad de coordinar medios aeronavales fueron factores determinantes para acelerar el traslado.

Cuando la evaluación remota no alcanza

La flota también registró un desenlace fatal a bordo del BP Don Nicola. El 25 de abril, Matías Oscar Vilchez, de 37 años, fue encontrado sin vida cuando el pesquero se encontraba a pocas millas de arribar a Mar del Plata.

Durante la navegación, el trabajador había permanecido bajo seguimiento médico remoto después de que el cuadro informado desde el buque fuera considerado inicialmente estable. La autopsia determinó posteriormente que la muerte se produjo por un paro cardíaco derivado de un aneurisma de la arteria pulmonar.

El antecedente muestra la dificultad de evaluar cuadros cardiovasculares en un entorno donde los diagnósticos se realizan con información limitada y sin acceso inmediato a estudios complejos. Un dolor que parece controlable puede evolucionar de manera imprevisible, y una condición grave puede no ser evidente durante las primeras comunicaciones.

En ese contexto, la radioconsulta continúa siendo una herramienta central, pero debe complementarse con recursos de respuesta inmediata y con una preparación adecuada de los tripulantes. La posibilidad de actuar durante los primeros minutos puede ser decisiva en un paro cardíaco, aun cuando no permita resolver todas las causas de una emergencia cardiovascular.

El pedido de desfibriladores para los buques de bandera argentina

La discusión sobre los desfibriladores externos automáticos no comenzó con los episodios de 2026. En enero de 2025, la Asociación Argentina de Capitanes, Pilotos y Patrones de Pesca presentó ante el Prefecto Nacional Naval un pedido para establecer la obligatoriedad de contar con un DEA en todos los buques pesqueros de bandera argentina.

La solicitud fue impulsada por el secretario general de la entidad, Jorge Frías, luego del fallecimiento de Germán Gustavo Ferro, capitán del BP Euro II, quien sufrió una afección coronaria a bordo poco antes de la zarpada desde Puerto Rawson. La organización planteó no solo la incorporación de los equipos, sino también la elaboración de un protocolo para que las tripulaciones pudieran utilizarlos de forma segura y coordinada con la asistencia médica.

El reclamo ya había sido formulado con anterioridad ante la Autoridad Marítima. La sucesión de emergencias vuelve a colocarlo en el centro de la agenda de seguridad laboral y sanitaria del sector pesquero, especialmente en una flota que desarrolla operaciones prolongadas y en zonas alejadas de los principales centros urbanos.

El desfibrilador externo automático es un dispositivo portátil que analiza el ritmo cardíaco de una persona en paro y determina si corresponde aplicar una descarga eléctrica. El equipo ofrece instrucciones de voz y, ante determinados ritmos desfibrilables, habilita la descarga únicamente cuando el análisis indica que puede ser necesaria.

Su utilización debe integrarse con la reanimación cardiopulmonar, la comunicación inmediata con el servicio médico y la activación de los procedimientos de rescate. El DEA no reemplaza a un médico, no resuelve cualquier infarto y tampoco sustituye una aeroevacuación o el traslado urgente a un hospital. Su función es aportar una herramienta en los primeros minutos de un paro cardíaco, cuando el tiempo de navegación hasta tierra puede ser prolongado.

La diferencia entre tener un equipo y estar preparado para usarlo

La incorporación de desfibriladores no debería limitarse a instalar un dispositivo en un sector del buque. Para que su presencia tenga utilidad real, es necesario definir dónde se guarda, cómo se verifica su funcionamiento, quién controla las baterías y los electrodos, y qué integrantes de la tripulación reciben capacitación.

La formación en RCP y el entrenamiento periódico son componentes esenciales. En una emergencia, el equipo debe ser localizado rápidamente, mientras otra persona comunica la situación por radio y el resto de la dotación prepara el espacio para asistir al paciente. Una respuesta coordinada puede reducir demoras y evitar que todas las tareas queden concentradas en un único tripulante.

También resulta necesario contemplar las condiciones particulares del ambiente marítimo. La humedad, el movimiento permanente, la distribución de los espacios y la actividad simultánea de la tripulación pueden dificultar la atención. Los procedimientos deberían adaptarse a cada tipo de embarcación, sin perder criterios comunes para la comunicación con la Prefectura y los servicios médicos.

En tierra, la Ley 27.159 estableció un sistema de prevención integral de eventos de muerte súbita mediante la instalación y utilización de desfibriladores externos automáticos en determinados ámbitos públicos y privados de acceso público. La realidad a bordo tiene características diferentes: un pesquero no dispone de una ambulancia a pocos minutos ni de un hospital cercano, por lo que la primera respuesta depende de la dotación y del equipamiento disponible.

El análisis de los antecedentes de la flota puede complementarse con información sobre logística marítima y operaciones de transporte, ya que la coordinación entre navegación, puerto, rescate y atención sanitaria forma parte del funcionamiento integral de la cadena pesquera.

Prefectura, los puertos pesqueros y una cadena de respuesta que depende del tiempo

Las operaciones realizadas por la Prefectura demuestran que existe una capacidad aeronaval para asistir a trabajadores embarcados. Aviones, helicópteros, nadadores de rescate, personal médico y centros de gestión del tráfico marítimo participan en procedimientos que pueden alcanzar a pesqueros ubicados a varias millas de la costa.

Pero cada evacuación requiere coordinar numerosos factores: recibir el aviso, evaluar los síntomas, realizar la radioconsulta, determinar la urgencia, preparar la aeronave, verificar las condiciones meteorológicas y establecer un punto de encuentro compatible con la navegación del pesquero y la autonomía de los medios de rescate.

La posibilidad de que el buque avance hacia tierra puede acortar la operación, aunque también puede afectar el programa de pesca, la seguridad de la navegación y la planificación del regreso. En los puertos pesqueros, además, la recepción del paciente exige articular con servicios médicos, ambulancias, hospitales y autoridades locales.

Por eso, el debate sobre los DEA tiene una dimensión operativa para armadores, capitanes, sindicatos, tripulantes y organismos de control. Un equipo correctamente mantenido a bordo no elimina la necesidad de evacuar, pero puede brindar una respuesta inicial mientras se organiza el traslado. También puede permitir que la comunicación con los profesionales en tierra se realice con información más precisa sobre la evolución del paciente.

La incorporación de este recurso debería evaluarse junto con los requisitos de seguridad, los cursos de formación, la trazabilidad del mantenimiento y la disponibilidad de protocolos claros. Para una actividad que sostiene empleo en ciudades como Puerto Madryn, Mar del Plata, Rawson y otros puertos pesqueros, la protección de quienes trabajan embarcados es inseparable de la continuidad operativa de la industria.

En ese marco, la publicación especializada PESCARE informó originalmente sobre el reclamo de desfibriladores a bordo y los episodios recientes que volvieron a instalarlo en la agenda sectorial.

La muerte ocurrida en el BP Arbumasa XVII vuelve a recordar que, en el mar, la distancia transforma una urgencia médica en un desafío logístico. La discusión sobre los DEA no reemplaza las investigaciones de cada caso ni permite anticipar resultados, pero plantea una decisión concreta sobre los recursos que deberían estar disponibles en los primeros minutos de una emergencia cardíaca a bordo.

FAQ

Preguntas frecuentes

¿Por qué se reclama la presencia de desfibriladores en los pesqueros argentinos?

Porque los buques pueden encontrarse a muchas millas de la costa cuando ocurre un paro cardíaco. Un desfibrilador externo automático permitiría iniciar una respuesta durante los primeros minutos, mientras se coordina la asistencia médica y, si corresponde, una evacuación.

¿Un DEA reemplaza la radioconsulta o una aeroevacuación?

No. El desfibrilador es una herramienta complementaria. Debe utilizarse junto con la reanimación cardiopulmonar, la comunicación con los servicios médicos y los procedimientos de desembarco o aeroevacuación cuando sean necesarios.

¿Quién debería utilizar el desfibrilador a bordo?

La propuesta sectorial contempla que las tripulaciones reciban capacitación y trabajen con un protocolo específico. El equipo ofrece instrucciones, pero su uso debe integrarse con formación en RCP, comunicación por radio y coordinación con la Autoridad Marítima.

Equipo editorial

Valentina Bianchi

61 notas10 min de lectura

Editor digitalPesca

Autor del equipo editorial de Agenda Portuaria, especializado en puertos, logística, comercio exterior y sector agroindustrial.

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Conversación editorial

2 comentarios en esta nota

Sumate al debate sobre esta cobertura del sector portuario y logístico.

  1. Es una medida bastante básica y puede hacer una diferencia enorme, sobre todo en barcos que están horas o días lejos de asistencia médica. Más allá del costo del equipo, habría que exigir capacitación real y controles periódicos: tener un desfibrilador guardado, sin personal que sepa usarlo o con la batería vencida, termina siendo apenas una formalidad.

  2. Es una medida que debería ser obligatoria cuanto antes. En un pesquero, con horas de navegación hasta recibir asistencia, contar con un DEA y gente capacitada puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Ojalá este reclamo no quede solo en declaraciones y se avance también con controles y simulacros periódicos.

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