El INIDEP crió juveniles de chernia en cautiverio y extendió su supervivencia
El INIDEP logró criar cuatro juveniles de chernia nacidos en cautiverio que ya superan los 30 centímetros y los 700 gramos. El avance prolonga el conocimiento sobre la especie y refuerza las perspectivas de desarrollar acuicultura marina en la Argentina.

El Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) consiguió consolidar la supervivencia y el crecimiento de cuatro juveniles de chernia nacidos en cautiverio, un avance relevante para la investigación de la acuicultura marina argentina. Los ejemplares ya alcanzan aproximadamente 30 centímetros de longitud y un peso cercano a los 700 gramos, por lo que el seguimiento superó ampliamente el período larval de 34 días documentado hasta ahora para esta especie.
La cría de peces marinos durante todo su ciclo biológico continúa siendo uno de los desafíos más complejos para la acuicultura. A diferencia de muchas especies de agua dulce, los peces marinos requieren condiciones ambientales muy precisas, dietas específicas durante las primeras etapas y una infraestructura capaz de sostener la calidad del agua. En ese contexto, el resultado alcanzado por el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) con la chernia representa un avance científico y técnico de importancia para el desarrollo futuro de la producción acuícola en la Argentina.
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El organismo logró mantener con vida y hacer crecer cuatro juveniles de Polyprion americanus nacidos en sus laboratorios. Los ejemplares superaron los cinco meses de vida y alcanzaron alrededor de 30 centímetros y 700 gramos. La información disponible previamente había seguido el desarrollo de la especie hasta el día 34 posterior a la eclosión. Por lo tanto, la obtención de juveniles de mayor edad permitió extender de manera significativa el conocimiento sobre su crecimiento, alimentación y adaptación a condiciones controladas.
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El resultado todavía pertenece al ámbito experimental. No se trata de una producción comercial ni de una autorización para incorporar la chernia a explotaciones acuícolas a escala industrial. Sin embargo, confirma que el protocolo diseñado por los investigadores puede sostener distintas etapas del ciclo de la especie y abre una base más sólida para continuar con ensayos de alimentación, manejo, sanidad y reproducción.
INIDEP crió juveniles chernia cautiverio: Una investigación que comenzó con reproductores capturados en el mar
El trabajo del Gabinete de Biología Experimental (BIOEX) se inició en 2013, cuando el INIDEP incorporó doce juveniles provenientes del medio natural. Los peces ingresaron con un peso promedio de 2,6 kilos, aunque se registraron diferencias individuales, y fueron alojados en un tanque de 16 metros cúbicos conectado a un sistema de recirculación de agua.
El sistema de recirculación, conocido como RAS por sus siglas en inglés, permite filtrar, tratar y reutilizar el agua dentro de la instalación. Esta tecnología resulta especialmente importante en especies marinas porque facilita el control de variables como la temperatura, la salinidad, el oxígeno disuelto y la eliminación de residuos. También reduce la dependencia del recambio permanente de agua y permite observar la respuesta de cada ejemplar en un ambiente estable.
Los reproductores fueron identificados mediante dispositivos electrónicos y sometidos a controles periódicos. Los investigadores registraron longitud, peso y circunferencia pectoral, además de realizar biopsias gonadales y análisis de esteroides sexuales. Ese seguimiento permitió conocer el crecimiento de los peces, establecer el momento de madurez y estudiar los cambios asociados con la reproducción en cautiverio.
El crecimiento de los reproductores permitió formar un plantel estable
En diciembre de 2017, las chernias mantenidas por el INIDEP alcanzaban un peso promedio de 14,6 kilos y una longitud media de 86,7 centímetros. El ejemplar más grande llegó a 17,4 kilos y 91 centímetros. Durante los primeros cinco años en las instalaciones, el aumento promedio fue de 12 kilos y 30 centímetros.
El plantel reproductor quedó integrado por cuatro hembras, cinco machos y un ejemplar cuyo sexo todavía no había sido determinado. Los peces alcanzaron la talla de primera madurez durante 2016, cuando medían aproximadamente 80 centímetros y pesaban cerca de 10 kilos. Ese proceso fue central para que el programa pasara de estudiar juveniles silvestres a obtener descendencia dentro de las instalaciones del instituto.
En 2018 comenzaron los primeros desoves naturales y espontáneos, sin utilización de inducción hormonal. Durante la temporada reproductiva 2018-2019 se registraron cuatro puestas fecundadas y una producción total de 5.097.000 huevos. Los huevos viables eclosionaron al sexto día y dieron origen a las primeras larvas de chernia producidas en cautiverio en la Argentina.
La reproducción aumentó durante 2019. Hasta el 11 de diciembre de ese año, el INIDEP había contabilizado 19 puestas, de las cuales 11 fueron fecundadas, con aproximadamente 10 millones de huevos. En ese período se realizaron siete incubaciones y sus correspondientes experiencias de larvicultura. Durante la temporada 2024, una sola hembra produjo siete desoves y seis millones de huevos fecundados. Actualmente, los ejemplares adultos mantenidos por el organismo tienen un peso aproximado de 30 kilos.
La alimentación larval, una etapa decisiva para sostener la supervivencia
La fase larval es uno de los momentos más delicados en la cría de peces marinos. Las larvas nacen con un tamaño reducido, presentan cambios rápidos en sus necesidades nutricionales y deben comenzar a capturar alimento vivo cuando consumen las reservas que obtuvieron del huevo. Un error en la cantidad, el tamaño o el valor nutricional del alimento puede afectar la supervivencia y el crecimiento de toda una cohorte.
El protocolo desarrollado por el BIOEX utiliza una cadena alimentaria producida en el propio laboratorio. En los primeros momentos se incorporan microalgas, que sirven como base para la producción de organismos de los que se alimentan las larvas. Luego se emplean rotíferos, copépodos y artemias, seleccionados según el tamaño de los peces y la evolución de su aparato digestivo.
Esteban Ricci explicó que el laboratorio produce cuatro especies de microalgas destinadas a iniciar esa cadena de alimentación. Las microalgas sostienen el zooplancton que después se suministra a las larvas de peces marinos. En el caso de la chernia, el INIDEP informó que el valor nutricional de los copépodos contribuyó de manera significativa a mejorar el desempeño larval.
La combinación de organismos vivos permite adaptar la dieta a los cambios que atraviesan los peces. Las larvas no necesitan el mismo tipo de alimento durante todo el proceso: a medida que crecen, requieren presas de mayor tamaño, más energía y una composición nutricional compatible con el desarrollo de músculos, órganos y sistemas de defensa.
Una guía científica para ordenar el conocimiento disponible
En 2025, un equipo de ocho investigadores del INIDEP publicó una guía destinada a identificar los estadios embrionarios, los huevos y las larvas de chernia producidos en cautiverio. El documento describió el desarrollo desde la fecundación hasta la eclosión y siguió la evolución larval hasta el día 34 posterior al nacimiento.
Los ensayos se realizaron en tanques de 100 y 500 litros, mediante sistemas abiertos y cerrados. La comparación de esas condiciones permite evaluar cómo responden las larvas a diferentes formas de manejo y cuáles son los parámetros más convenientes para sostenerlas durante los primeros días.
La guía también dejó en evidencia que todavía es limitada la información sobre la calidad de los huevos, el desarrollo larval y las primeras fases juveniles de la especie. Por esa razón, fue concebida como un registro dinámico, susceptible de actualizarse con los resultados de nuevas temporadas reproductivas.
La obtención de juveniles de más de cinco meses y 700 gramos extiende ahora ese registro y aporta información sobre una fase que no estaba documentada con el mismo nivel de detalle. Para los investigadores, conocer qué ocurre después de la etapa larval es indispensable para determinar si la especie puede avanzar hacia un esquema de producción estable.
Qué características de la chernia favorecen su estudio en acuicultura
La chernia habita aguas templadas y subtropicales. En el Atlántico sudoccidental se distribuye desde las proximidades de Río de Janeiro hasta el sur de la Argentina. En aguas argentinas aparece principalmente como captura incidental de la flota costera y registra volúmenes reducidos durante el año.
Su etapa juvenil es prolongada y la especie alcanza la talla de comercialización antes de llegar a la madurez reproductiva. Esa característica puede resultar atractiva desde el punto de vista productivo, aunque también exige evaluar con precisión los tiempos de crecimiento, el consumo de alimento, la densidad de cultivo y el espacio necesario para mantener ejemplares adultos.
Otro aspecto favorable es su adaptación a los sistemas de recirculación utilizados en los tanques del INIDEP. La posibilidad de mantener los parámetros ambientales bajo control facilita el trabajo experimental y puede ser importante para futuros proyectos ubicados lejos de la costa o en instalaciones con disponibilidad limitada de agua marina.
De todos modos, la adaptación observada en el laboratorio no alcanza para confirmar por sí sola la viabilidad económica de una granja. Antes de avanzar hacia una escala mayor será necesario establecer tasas de supervivencia en cada etapa, requerimientos alimentarios, costos energéticos, manejo sanitario y comportamiento de los peces ante distintas densidades.
Del conocimiento biológico a una posible producción acuícola nacional
Los estudios realizados por el INIDEP ya documentaron una secuencia completa de avances: crecimiento de juveniles silvestres en cautiverio, maduración sexual, obtención de desoves naturales, fecundación, eclosión, larvicultura y desarrollo de juveniles. La continuidad del proceso permitirá evaluar si la descendencia producida en laboratorio puede integrarse nuevamente al plantel reproductor y cerrar el ciclo biológico bajo condiciones controladas.
Completar ese ciclo es una meta central de la acuicultura. Si los reproductores nacidos en cautiverio llegan a madurez y generan nuevas puestas, los investigadores podrán reducir progresivamente la dependencia de ejemplares capturados en el ambiente natural. También tendrán más herramientas para seleccionar líneas de trabajo, mejorar los protocolos y adaptar la producción a diferentes instalaciones.
El avance puede contribuir a diversificar la matriz pesquera argentina, aunque cualquier desarrollo futuro deberá diferenciar con claridad la investigación acuícola de la actividad extractiva. La chernia no aparece aquí como una especie destinada a aumentar las capturas de la flota costera, sino como un recurso biológico cuyo potencial productivo se está evaluando mediante ensayos controlados.
En ese sentido, el proceso se relaciona con los desafíos generales de la acuicultura y el desarrollo pesquero en la Argentina. También puede aportar conocimiento útil para las políticas de investigación, la formación de técnicos y la articulación entre organismos científicos, universidades y empresas vinculadas con la producción de alimentos de origen marino.
La experiencia acumulada por el INIDEP tiene además una dimensión tecnológica. Producir microalgas, mantener zooplancton vivo, controlar tanques de diferentes volúmenes y registrar individualmente a los peces requiere personal especializado y procedimientos estables. Esas capacidades pueden transferirse a otras especies marinas que presenten interés para la diversificación acuícola.
Qué puede cambiar para los puertos pesqueros y la cadena de abastecimiento
El impacto operativo inmediato es acotado porque el proyecto continúa en fase experimental y no contempla, según la información disponible, una producción comercial de chernia. No obstante, si las próximas temporadas confirman la supervivencia y permiten sostener el crecimiento de nuevas generaciones, podrían aparecer efectos graduales sobre la cadena pesquera y acuícola.
Una producción controlada requeriría servicios de transporte de alimento vivo y balanceado, equipamiento para sistemas de recirculación, mantenimiento de tanques, monitoreo de calidad de agua, provisión energética y asistencia veterinaria. Para los puertos pesqueros y sus zonas de influencia, una actividad acuícola consolidada podría sumar demanda a proveedores que hoy trabajan principalmente con la flota, las plantas de procesamiento y los servicios de apoyo marítimo.
También podrían generarse nuevos flujos logísticos asociados con juveniles, insumos biológicos y productos refrigerados. Sin embargo, esos movimientos dependerían de que el INIDEP y otros actores logren superar las etapas experimentales y demostrar una escala productiva sostenible. No corresponde anticipar volúmenes de exportación, cuotas ni nuevas operaciones comerciales mientras esa evaluación no exista.
Para la industria pesquera, el principal valor del resultado está en la generación de conocimiento aplicable. La posibilidad de obtener juveniles de chernia nacidos en cautiverio permitiría analizar alternativas de producción sin aumentar la presión sobre una especie que actualmente aparece como captura incidental y con bajos volúmenes en la flota costera. Ese enfoque puede complementar las herramientas de manejo y los estudios sobre sustentabilidad de los recursos pesqueros.
El BIOEX continuará durante las próximas temporadas reproductivas con las estrategias de alimentación desarrolladas y el seguimiento de los juveniles mantenidos en sus instalaciones. Cada nueva cohorte aportará datos para comparar supervivencia, crecimiento y respuesta a las condiciones de cultivo. En una actividad donde los resultados dependen de procesos biológicos extensos, la continuidad de los ensayos será tan importante como el logro alcanzado.
La cría de estos cuatro juveniles no resuelve todos los desafíos de la acuicultura marina, pero demuestra que la chernia puede atravesar en cautiverio etapas que hasta hace pocos años permanecían fuera del alcance experimental. El próximo objetivo será transformar ese conocimiento en protocolos cada vez más previsibles, sin perder de vista la protección del recurso, la viabilidad económica y las necesidades concretas de la cadena pesquera argentina.
La información original fue publicada por Pescare, en su cobertura sobre el logro del INIDEP.
Preguntas frecuentes
¿Qué logró el INIDEP con la chernia?
El INIDEP logró criar cuatro juveniles de chernia nacidos en cautiverio. Los ejemplares superaron los cinco meses de vida y alcanzaron aproximadamente 30 centímetros de longitud y 700 gramos de peso.
¿La chernia ya se produce comercialmente en la Argentina?
No. El proyecto permanece en fase experimental. El resultado confirma la posibilidad de sostener el crecimiento de la especie en cautiverio, pero todavía deben evaluarse costos, supervivencia, alimentación, sanidad y escala productiva.
¿Cómo se alimentan las larvas de chernia?
Después de consumir las reservas del huevo, las larvas reciben alimento vivo producido en laboratorio. El protocolo incluye microalgas, rotíferos, copépodos y artemias, incorporados según el tamaño y las necesidades de cada etapa.
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Muy interesante avance, sobre todo porque la chernia es una especie de alto valor y conocer mejor su crecimiento puede abrir una alternativa para la acuicultura argentina. Ojalá estos resultados se publiquen también en formatos accesibles, con datos y fotos del proceso, porque ayudarían a seguir el tema desde cualquier sitio especializado en WordPress.
Es un avance relevante, especialmente para una especie de alto valor comercial y con información todavía limitada sobre su desarrollo en cautiverio. La publicación de datos sobre alimentación, crecimiento, supervivencia y condiciones de crianza sería clave para evaluar su potencial acuícola. También sería muy útil que el INIDEP difunda imágenes y resultados en formatos abiertos, para facilitar el acceso desde medios y sitios especializados. También puede complementarse con El Niño amenaza el reclutamiento de la sardina común en Chile.
Muy buen avance, sobre todo porque la chernia es una especie de alto valor y bastante sensible. Criar juveniles y sostenerlos hasta ese tamaño no debe ser nada sencillo. Ojalá estos resultados sirvan para una acuicultura marina seria, pero también para conocer mejor su crecimiento y evitar que cualquier desarrollo termine afectando al ambiente o a las poblaciones silvestres.
Coincidimos: el desafío no es solo lograr la supervivencia en cautiverio, sino generar información confiable sobre crecimiento, alimentación y bienestar. Ese conocimiento puede servir tanto para evaluar una acuicultura responsable como para diseñar medidas de manejo y conservación, siempre con controles que eviten impactos sobre ejemplares y poblaciones silvestres.