Malvinas cerró la pesca de calamar Loligo y frenó nuevas inversiones
La segunda temporada de calamar Loligo en Malvinas terminó después de apenas tres jornadas de reapertura. La caída de la biomasa afecta a 16 arrastreros congeladores, pone en pausa proyectos navales y obliga a revisar el esfuerzo pesquero de cara a 2027.

La administración británica de facto en las Islas Malvinas clausuró la segunda temporada de pesca de calamar Loligo de 2026 luego de comprobar que la biomasa no se recuperó durante una pausa precautoria de dos semanas. La reapertura, concretada el 24 de agosto, solo duró tres jornadas: el 26 de agosto, a las 23:59, la autoridad pesquera decidió cerrar nuevamente el caladero ante el deterioro del recurso y la presencia de ejemplares maduros que avanzaban hacia zonas de desove.
La decisión golpea de manera directa a 16 arrastreros congeladores vinculados con sociedades constituidas en las islas y participadas por empresas pesqueras gallegas. También profundiza la incertidumbre sobre la continuidad de una actividad que durante años sostuvo ingresos, empleo marítimo, plantas de procesamiento, servicios portuarios y exportaciones asociadas al calamar congelado.
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El anuncio fue difundido el 27 de agosto por el Departamento de Pesquerías de las Islas Malvinas, después de analizar las capturas realizadas tras el regreso de los buques al área conocida como Loligo Box y los resultados de dos jornadas de pesca exploratoria. Aunque el comunicado no publicó una nueva cifra de biomasa, la información transmitida a los armadores indicó que la disponibilidad del recurso era inferior a la registrada antes de la interrupción.
La preocupación central está vinculada con el riesgo de que la biomasa de escape, es decir, la fracción que debe permanecer en el agua para asegurar la reproducción, quedara por debajo de las 10.000 toneladas. Ese parámetro funciona como referencia de conservación para evitar que la extracción afecte la continuidad de las próximas cohortes.
Malvinas cerró pesca calamar Loligo: Una reapertura breve confirmó el deterioro del caladero
La segunda temporada de 2026 ya había comenzado con una señal débil. La prospección previa estimó una biomasa central de 17.508 toneladas, el tercer registro más bajo para una apertura de segunda temporada durante las últimas dos décadas. El límite inferior de la estimación fue de 14.049 toneladas, apenas 4.049 toneladas por encima del umbral de conservación.
Ese margen reducido dejaba poco espacio para absorber capturas comerciales, mortalidad natural, predación y eventuales desplazamientos del calamar hacia otras áreas. La temporada fue habilitada porque el límite inferior todavía superaba el nivel de referencia, pero la apertura dependía de que ingresaran nuevos contingentes al área y de que la biomasa evolucionara favorablemente.
Las primeras jornadas mostraron una dinámica diferente. Las capturas descendieron con rapidez y el 12 de agosto la autoridad pesquera estableció una pausa precautoria de aproximadamente dos semanas. El objetivo era retirar temporalmente el esfuerzo comercial, realizar arrastres dirigidos y observar si nuevos ejemplares ingresaban al Loligo Box.
La actividad volvió a autorizarse el lunes 24 de agosto. Sin embargo, los registros obtenidos hasta el miércoles 26 confirmaron que la biomasa continuaba retrocediendo. La pausa no produjo la recuperación esperada y la administración resolvió dar por terminada la campaña.
El ciclo reproductivo del Loligo elevó la presión sobre la decisión
Los observadores embarcados detectaron hembras maduras desplazándose hacia aguas menos profundas para desovar. Ese comportamiento biológico fue determinante para evaluar el riesgo de mantener la pesca abierta, ya que la captura de ejemplares reproductores durante la migración podía reducir la cantidad de individuos capaces de completar el desove.
El Loligo, identificado científicamente como Doryteuthis gahi, tiene un ciclo de vida cercano a un año. Por esa razón, cada temporada depende en gran medida del éxito de una nueva cohorte y puede mostrar variaciones importantes por efecto de las condiciones oceanográficas, la temperatura, la disponibilidad de alimento, la mortalidad natural, la predación y los desplazamientos del recurso.
En este tipo de pesquería, una campaña con buenos resultados no garantiza necesariamente una temporada siguiente estable. Del mismo modo, una caída puntual no permite por sí sola afirmar que toda la población haya colapsado. La información disponible apunta, con mayor claridad, a una debilidad recurrente de las segundas temporadas y a una menor capacidad de recuperación dentro del período comercial.
La administración eligió entonces preservar la biomasa reproductiva remanente antes que sostener una operación que podía comprometer el reclutamiento futuro. El cierre anticipado no fue únicamente una interrupción comercial: también representó una medida de protección sobre la fracción del stock que se dirigía a reproducirse.
La merluza aparece como una hipótesis, pero todavía falta evidencia
Entre las explicaciones preliminares analizadas por la autoridad pesquera figura una mayor presencia de merluza en el área de distribución del Loligo. James Wilson, director de Recursos Naturales, sostuvo que ese incremento podría estar relacionado con desplazamientos de ejemplares desde caladeros situados bajo jurisdicción argentina, luego del cierre de determinadas zonas de pesca.
La hipótesis todavía no permite establecer cuánto influyó la merluza en la reducción observada durante 2026. La especie consume calamar y otros organismos del ecosistema demersal, por lo que una concentración elevada dentro del Loligo Box podría aumentar la mortalidad natural. Sin embargo, la fuente oficial no presentó un estudio publicado que mida de manera precisa esa relación.
Como parte del seguimiento, la administración analiza mantener un buque dentro del área entre ambas temporadas. El objetivo sería identificar cuándo comienza el ingreso de merluza, cómo se distribuye y qué relación tiene su presencia con la disponibilidad de calamar.
También se prevé elevar al Comité Asesor de Pesca una propuesta para incrementar el esfuerzo sobre las licencias A, orientadas principalmente a la merluza. Durante 2026 ya se había modificado el acuerdo de captura incidental para elevar del 10% al 50% la proporción permitida de esa especie.
Wilson advirtió que reducir un predador puede generar efectos sobre otras relaciones del ecosistema. Por eso, cualquier modificación del esfuerzo deberá apoyarse en información científica y no únicamente en la necesidad de compensar la menor disponibilidad de Loligo.
Dieciséis buques quedaron expuestos a una capacidad extractiva mayor
Uno de los aspectos más relevantes del análisis oficial es que la cantidad de barcos ya no alcanza para medir el esfuerzo pesquero. Aunque la flota se mantuvo relativamente estable, la capacidad real de extracción aumentó por la incorporación de unidades más grandes y potentes, la modernización de las redes y una mayor cantidad de horas efectivas de pesca.
La presión sobre el recurso depende de múltiples variables: potencia instalada, dimensiones del buque, capacidad de bodega, eficiencia de las artes, duración de los lances, velocidad de operación y tiempo disponible dentro del caladero. En consecuencia, 16 arrastreros modernos pueden ejercer una presión considerablemente superior a la de igual número de embarcaciones de generaciones anteriores.
La documentación de gestión pesquera ya reconoce que una sucesión de cierres anticipados puede indicar un desajuste entre el esfuerzo autorizado y la disponibilidad real del stock. La administración todavía no atribuyó formalmente la crisis a la sobrepesca, pero la capacidad efectiva de la flota quedó incorporada al debate que deberá definir las reglas para 2027.
La revisión podría abarcar límites temporales, distribución espacial del esfuerzo, medidas de protección durante el desove, seguimiento de la potencia operativa y criterios para autorizar nuevas unidades. También será necesario evaluar si la incorporación de buques más eficientes exige reducir días de actividad o ajustar otros parámetros para evitar que la modernización tecnológica se traduzca automáticamente en mayor presión sobre el recurso.
Cuatro segundas temporadas problemáticas cambiaron el diagnóstico sectorial
El cierre de 2026 completa una secuencia de dificultades que comenzó varios años atrás. En 2023, la segunda temporada terminó antes de lo previsto por el descenso de la biomasa. En 2024, directamente no se habilitó porque el límite inferior de las evaluaciones quedó por debajo del umbral de conservación.
Durante 2025, la pesquería volvió a operar, aunque bajo cierres temporales y espaciales. La campaña concluyó anticipadamente con una biomasa central cercana a las 13.600 toneladas y un límite inferior levemente inferior a las 10.000 toneladas. En 2026, la apertura se realizó con un stock reducido, se interrumpió el 12 de agosto, se reanudó el 24 y finalizó tres días después.
John Barton, presidente interino del Loligo Producers Group, señaló que la última segunda temporada desarrollada con normalidad había sido la de 2022. Para el sector, la repetición de interrupciones dejó de parecer una anomalía aislada y comenzó a configurar un problema estructural vinculado con la cohorte invernal.
El contraste con la primera temporada de 2026 refuerza esa preocupación. Entre febrero y abril, la captura superó las 42.000 toneladas, mientras que la segunda cohorte mostró una disponibilidad sensiblemente menor y no recibió incorporaciones suficientes para sostener el ritmo de operación.
La diferencia entre ambas campañas no permite afirmar que toda la población de Doryteuthis gahi esté colapsada. Sí muestra, en cambio, que la planificación de dos temporadas anuales enfrenta una incertidumbre creciente y que los resultados de la primera campaña no pueden utilizarse como garantía de continuidad para la segunda.
El cierre afecta empleo marítimo, plantas y servicios portuarios
Los 16 arrastreros afectados fueron construidos y organizados para trabajar en dos campañas anuales. Cada viaje requiere combustible, mantenimiento, seguros, provisiones, tripulaciones especializadas, inspecciones, reparaciones y coordinación con operadores logísticos. Cuando la temporada se reduce a pocos días, esos costos permanecen mientras el volumen capturado resulta insuficiente para sostener la ecuación económica.
La reducción de actividad impacta en los ingresos variables de las tripulaciones, en la contratación de servicios de apoyo y en la programación de los puertos vinculados con la flota. También puede alterar la utilización de depósitos frigoríficos, plantas de clasificación, transporte terrestre, agentes marítimos y empresas dedicadas a la comercialización del producto.
La cadena gallega aparece especialmente expuesta porque una parte del Loligo se desembarca en puertos españoles y alimenta instalaciones de frío, procesamiento y exportación. Una menor oferta limita la actividad en tierra y reduce la capacidad de amortización de buques construidos con altos costos de inversión.
El problema no queda limitado a los armadores. Una temporada corta modifica la planificación de compras, contratos de transporte, turnos industriales, mantenimiento naval y compromisos comerciales. En mercados que dependen de una provisión relativamente regular, la incertidumbre biológica puede traducirse en mayores costos de abastecimiento o en la necesidad de buscar producto alternativo.
Para ampliar el contexto sobre la relación entre actividad pesquera, infraestructura y comercio exterior, resulta útil consultar las notas de logística y transporte marítimo y los informes sobre comercio exterior de productos pesqueros publicados por AGENDA PORTUARIA.
La incertidumbre ya demora proyectos de nuevos buques
El efecto empresarial de mayor alcance aparece en las decisiones de inversión. Fuentes de la industria gallega indicaron que al menos tres proyectos de nuevos buques destinados a operar en Malvinas quedaron en suspenso hasta conocer la evolución del recurso.
No fueron difundidos los nombres de las empresas, los astilleros ni los montos involucrados. Tampoco se informó que existan contratos formalmente cancelados, por lo que se trata de una versión sectorial que debe ser considerada con prudencia. La decisión conocida consiste en postergar iniciativas ante una pesquería que acumula cuatro segundas temporadas con dificultades.
El freno afecta un modelo basado en derechos pesqueros de largo plazo, sociedades mixtas y renovación tecnológica. Los arrastreros congeladores de gran altura demandan inversiones elevadas y necesitan continuidad operativa para recuperar capital, afrontar financiamiento y sostener puestos de trabajo directos e indirectos.
La flota gallega llegó al Atlántico Sur después de enfrentar restricciones en otras regiones históricas. En el Atlántico Norte, la creación de zonas económicas exclusivas de 200 millas redujo el acceso de flotas extranjeras a caladeros como Gran Sol y Terranova. En África Occidental, los procesos de independencia y la consolidación de jurisdicciones nacionales también limitaron permisos que habían sido importantes para la pesca de merluza y cefalópodos.
Ese antecedente ayuda a comprender por qué la estabilidad de Malvinas resulta estratégica para ciertos grupos armadores. No se trata solamente de una temporada desfavorable, sino de la posible pérdida de previsibilidad de una plataforma productiva que reemplazó parcialmente operaciones históricas en otros océanos.
Qué deberá revisar la administración antes de definir la campaña 2027
La preparación de las reglas para 2027 deberá combinar información biológica, capacidad de flota y seguimiento operativo. Será necesario determinar si la biomasa de escape se recupera, cuándo se produce el ingreso de nuevos contingentes, cómo se comporta la merluza y qué nivel de esfuerzo puede absorber el Loligo Box sin comprometer la reproducción.
También será importante diferenciar entre cantidad de buques y capacidad efectiva. El análisis debería considerar potencia, eficiencia de las redes, horas de pesca y capacidad de almacenamiento, además de la distribución espacial de los lances. Sin esa mirada, una reducción nominal de embarcaciones podría no traducirse en una baja real de la presión extractiva.
La industria, por su parte, deberá evaluar escenarios de menor disponibilidad, campañas incompletas y eventuales restricciones temporales. Esa planificación puede incluir calendarios de mantenimiento más flexibles, revisión de contratos logísticos, diversificación de áreas de operación y análisis financiero de nuevos proyectos navales.
La noticia original fue difundida por Pesca&Comunicaciones, cuya información sirve como base para este desarrollo sobre el cierre de la temporada, la situación de la flota y las inversiones demoradas.
El futuro de la pesquería dependerá de que las decisiones de manejo logren equilibrar conservación y actividad económica. Mientras no exista una recuperación comprobable del recurso, la flota, los puertos pesqueros, las plantas y los astilleros deberán operar con un nivel de incertidumbre superior al de temporadas anteriores.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se cerró la segunda temporada de calamar Loligo en 2026?
La temporada se clausuró porque la biomasa no se recuperó durante una pausa precautoria de dos semanas y continuó deteriorándose después de la reapertura. Además, se detectaron hembras maduras desplazándose hacia zonas de desove.
¿Cuántos buques quedaron afectados por el cierre?
La medida dejó fuera de operación a 16 arrastreros congeladores vinculados con sociedades constituidas en las Islas Malvinas y con participación de empresas pesqueras gallegas.
¿La caída del Loligo confirma un colapso total del recurso?
No necesariamente. Los datos disponibles muestran una situación especialmente comprometida en las segundas temporadas, pero no permiten afirmar por sí solos que toda la población de Doryteuthis gahi haya colapsado.
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Qué raro y preocupante que una reapertura dure apenas tres jornadas. Si la biomasa sigue cayendo, no alcanza con frenar inversiones: habría que entender mejor qué está pasando antes de volver a habilitar la pesquería. Estaría bueno que publiquen los datos completos y un seguimiento actualizado, así se puede discutir con información y no a ciegas.
Tres jornadas y se terminó: es una señal fuerte de que la biomasa no está aguantando el nivel de explotación. Más allá de la disputa política, hay familias y empresas de ambos lados que quedan colgadas con barcos, tripulaciones e inversiones frenadas. Ojalá se priorice la sustentabilidad y haya información transparente para planificar 2027 sin improvisar.