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El calentamiento oceánico desplaza pesquerías y desafía a las flotas

31/07/202613 min de lectura2 comentarios

Las temperaturas récord del océano están modificando la distribución de especies, el reclutamiento y la planificación de capturas. El fenómeno ya afecta a pesquerías de Estados Unidos, Europa y Japón, mientras el impacto sobre el mar argentino todavía se percibe como más limitado.

El calentamiento oceánico desplaza pesquerías y desafía a las flotas

La temperatura superficial media de los océanos volvió a alcanzar un récord en junio de 2026 y profundizó una transformación que ya se refleja en pesquerías de Estados Unidos, Europa y Japón. El calentamiento desplaza especies, altera la disponibilidad de alimento, modifica los ciclos reproductivos y obliga a revisar cuotas, áreas de pesca y estrategias de las flotas. En el mar argentino, el impacto inmediato parece menor que en otras regiones, aunque la evolución de las olas de calor marinas exige seguimiento científico y una gestión capaz de responder a cambios rápidos.

Los datos más recientes del Servicio de Cambio Climático de Copernicus muestran que la temperatura superficial media del océano entre los 60 grados de latitud norte y los 60 grados sur llegó a 20,86 °C en junio de 2026. Se trata del valor más alto para ese mes desde el comienzo de la serie ERA5, iniciada en 1979. La diferencia frente a junio de 2024 fue pequeña, de apenas 0,01 °C, pero confirma la persistencia de una base térmica oceánica excepcionalmente elevada.

Según Fuente original, la información se basa en Los océanos alcanzan un récord térmico y alteran el mapa de las pesquerías.

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Durante los últimos tres años, la superficie oceánica comprendida en esa franja se mantuvo entre 0,35 °C y 0,73 °C por encima del promedio de referencia 1991-2020. El diagnóstico coincide con registros independientes. La Agencia Meteorológica de Japón calculó que la temperatura superficial mundial de 2025 estuvo 0,34 °C por encima de ese promedio y fue la tercera más alta desde 1891, detrás de 2024 y 2023. Además, los once años transcurridos entre 2015 y 2025 fueron los más cálidos de toda la serie japonesa.

La coincidencia entre los sistemas de observación de Europa, Estados Unidos y Japón aporta solidez al diagnóstico general: el océano funciona sobre una plataforma térmica más elevada, aunque las consecuencias no son iguales en todas las cuencas. El promedio mundial sirve para describir el estado del sistema, pero la respuesta de una pesquería depende de la intensidad, profundidad, duración y ubicación de cada anomalía.

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calentamiento oceánico desplaza pesquerías desafía: Las olas de calor marinas concentran el riesgo en regiones específicas

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, conocida como NOAA, informó que cerca del 33% del océano mundial atravesó condiciones de ola de calor marina durante junio de 2026. Los principales núcleos se ubicaron en el Pacífico oriental, el Mar de Japón y la prolongación de la corriente de Kuroshio, el Atlántico nororiental, el Mar de Noruega, el Mediterráneo, el Mar de Tasmania y sectores del océano Austral.

Una ola de calor marina se define cuando la temperatura supera durante al menos cinco días consecutivos el percentil 90 correspondiente a una determinada región y época del año. Por esa razón, un valor absoluto idéntico puede ser normal en una cuenca y extraordinario en otra. La clasificación internacional distingue episodios moderados, fuertes, severos y extremos según la distancia respecto del umbral climatológico local.

El calentamiento tampoco actúa siempre de la misma manera. En algunos lugares aumenta la estratificación y reduce la mezcla vertical; en otros, se relaciona con cambios en los vientos, el intercambio de calor con la atmósfera o el desplazamiento de masas de agua. La alteración del afloramiento y del suministro de nutrientes resulta especialmente relevante en sistemas como California, Perú, Chile, el noroeste africano y la plataforma patagónica.

Para interpretar el riesgo pesquero no alcanza con observar la temperatura de la superficie. También deben analizarse la temperatura de fondo, la salinidad, el oxígeno disuelto, la clorofila, la estructura del plancton, la distribución de tallas y la abundancia de juveniles. Esa combinación permite distinguir entre un desplazamiento temporal de los cardúmenes y una modificación más profunda del hábitat disponible.

Del metabolismo de los peces al reclutamiento de las futuras capturas

La temperatura regula procesos esenciales en peces, crustáceos y moluscos. Influye sobre el metabolismo, la alimentación, el crecimiento, la maduración sexual, la reproducción, la supervivencia de huevos y larvas y la disponibilidad de oxígeno. Cuando el agua supera la ventana térmica adecuada para una especie, el organismo necesita consumir más energía para sostener sus funciones básicas.

Si al mismo tiempo disminuyen la calidad o la disponibilidad de alimento, se reduce la energía que puede destinarse al crecimiento y a la reproducción. El problema puede quedar oculto durante una temporada: una pesquería puede conservar adultos en cantidades comerciales y, sin embargo, estar generando una clase anual débil. La señal recién aparece más adelante, cuando esos individuos deberían incorporarse al stock explotable.

El plancton agrega una variable crítica. El calentamiento puede adelantar la producción de fitoplancton o zooplancton y separarla del momento en que las larvas comienzan a alimentarse. Ese desfasaje, conocido como desajuste trófico, reduce la supervivencia durante una etapa determinante para el reclutamiento. La consecuencia no es necesariamente una caída inmediata de los desembarques, sino una mayor incertidumbre sobre la disponibilidad futura del recurso.

La respuesta de cada especie depende de su capacidad de desplazamiento, de la continuidad del hábitat térmico y de la profundidad de la anomalía. Un pez puede trasladarse hacia aguas más frías si encuentra una ruta disponible. En cambio, una ola de calor extensa o profunda puede reducir el espacio ambiental adecuado, aumentar la mortalidad y afectar simultáneamente a presas, predadores y organismos competidores.

El bacalao de Alaska mostró cómo una anomalía termina en cierres y pérdidas

Uno de los antecedentes más documentados es el del bacalao del Pacífico en el golfo de Alaska. La ola de calor marina registrada entre 2014 y 2016 elevó la temperatura a través de buena parte de la columna de agua. Los estudios posteriores identificaron una combinación de mayor demanda metabólica, menor disponibilidad de presas y temperaturas de fondo desfavorables para la supervivencia de los huevos.

El relevamiento de 2017 registró una caída del 71% en la abundancia del bacalao respecto de la campaña de 2015. Como respuesta, la autoridad redujo un 58% el límite anual de captura para 2018 y cerró en 2020 la pesquería federal dirigida. La actividad reabrió en 2021 con un volumen limitado y el stock permanecía por debajo de sus niveles anteriores.

El caso tuvo una dimensión económica concreta. La pesquería tenía un valor estimado de 103 millones de dólares y representaba aproximadamente el 29% del valor de los desembarques de peces de fondo de esa región. La anomalía térmica dejó de ser una variable oceanográfica para convertirse en un problema de ingresos, empleo, abastecimiento industrial y planificación de la flota.

Una secuencia similar se observó con el cangrejo de las nieves de Alaska. La pesquería cerró por primera vez en 2022, luego de una caída abrupta de adultos y juveniles. NOAA vinculó el proceso principalmente con la inanición y con factores asociados a la ola de calor de 2018-2019. Ambos casos muestran que el calentamiento puede desplazar recursos, pero también debilitar poblaciones cuando la disponibilidad de alimento no acompaña el cambio térmico.

Estados Unidos avanza hacia pesquerías adaptadas al clima

Durante 2026, NOAA mantiene bajo seguimiento dos grandes olas de calor en el Pacífico nororiental. Una comenzó en 2025 y alcanzó una superficie comparable con el episodio denominado “The Blob”, que alteró el ecosistema entre 2013 y 2016. El 9 de septiembre de 2025, la temperatura media de esa región llegó a 20,6 °C, casi medio grado por encima de cualquier registro anterior para el área.

En 2026, las aguas frente a la costa occidental estadounidense permanecieron entre 1,7 °C y 2,2 °C por encima de los valores normales. Los modelos proyectan una probabilidad elevada de continuidad de las condiciones frente a California hasta el final del año y estudian posibles cambios sobre salmón, sardina, anchoveta, atunes, tiburones, mamíferos marinos y especies protegidas.

La respuesta institucional se orienta hacia pesquerías preparadas para el clima. El enfoque busca que las temporadas, las cuotas y los límites espaciales puedan ajustarse cuando una especie comercial o la fauna acompañante modifica su distribución. En flotas de alta movilidad, contar con información actualizada puede reducir horas de búsqueda, consumo de combustible y exposición a cierres imprevistos.

También puede mejorar el control de la captura incidental. Si los modelos anticipan que una especie protegida o una población vulnerable se concentra en determinada zona, la autoridad puede establecer restricciones más precisas. El desafío consiste en equilibrar velocidad de respuesta, calidad científica, previsibilidad para los operadores y coordinación entre jurisdicciones.

Atlántico Norte, Francia y Japón: especies que cambian de territorio

Un análisis del Instituto Thünen de Alemania, publicado en enero de 2026, identificó cambios persistentes desde 2003 en distintos niveles de la red alimentaria del Atlántico Norte, desde organismos unicelulares hasta mamíferos marinos. La investigación observó una sustitución progresiva de especies asociadas con ambientes fríos por otras vinculadas con aguas más cálidas.

El proceso alcanzó el Atlántico subpolar, el Mar del Norte y regiones conectadas por grandes corrientes oceánicas. En las pesquerías demersales del Mar del Norte, el calentamiento se combina con otras presiones ambientales y pesqueras. El bacalao y el arenque presentan cambios en productividad y distribución, mientras distintas especies avanzan hacia mayores latitudes o aguas más profundas.

La consecuencia comercial aparece cuando la biomasa abandona las áreas utilizadas para calcular cuotas nacionales. La población se mueve antes que los acuerdos políticos, lo que puede generar diferencias entre países con derechos históricos de captura y aquellos cuyas aguas comienzan a recibir una mayor proporción del stock. Ese desfasaje complica la negociación de cuotas, la fiscalización y la asignación de oportunidades para las flotas.

En Francia, el Instituto de Investigación para la Explotación del Mar, Ifremer, advirtió en julio de 2026 que las olas de calor marinas se volvieron más intensas, extensas y frecuentes en las costas del país. Los episodios de mayo y junio elevaron el riesgo para juveniles, pastos marinos, comunidades bentónicas y especies con escasa capacidad de desplazamiento.

En 2025, la reproducción de ostras se adelantó bajo condiciones térmicas elevadas. Ese cambio puede alterar la coincidencia entre la disponibilidad de larvas y el alimento. Los bivalvos también enfrentan episodios de bajo oxígeno y proliferaciones de algas nocivas. Cuando se detectan toxinas por encima de los límites sanitarios, la consecuencia inmediata es la prohibición de extracción y comercialización, con impacto sobre productores, plantas procesadoras, empleo costero y abastecimiento.

Japón ofrece otro ejemplo de redistribución de biomasa. La Agencia Meteorológica japonesa calculó que la temperatura superficial de las aguas cercanas al archipiélago aumentó a una tasa de 1,36 °C por siglo entre 1900 y 2025, más del doble del promedio mundial estimado en 0,63 °C por siglo.

Las aguas de Hokkaido y Tohoku, el Mar de Japón y la corriente de Kuroshio muestran cambios relevantes. Investigaciones de la Agencia Japonesa de Ciencia y Tecnología Marina-Terrestre vincularon las olas de calor frente a Hokkaido con modificaciones en la distribución y las capturas del pez limón, una especie asociada con aguas templadas. Algunos puertos pueden recibir nuevas concentraciones de recurso, mientras otros pierden especies tradicionales y deben adaptar calendarios, infraestructura y mercados.

Qué implica para la industria pesquera argentina y el mar patagónico

La información disponible para 2026 indica que el impacto inmediato sobre el mar argentino parece menor que el observado en otras regiones. Esa referencia debe interpretarse con prudencia: no significa que la industria pesquera argentina quede al margen del cambio térmico ni que las pesquerías locales respondan de manera uniforme.

La plataforma patagónica es un sistema productivo condicionado por frentes, corrientes, nutrientes, profundidad y disponibilidad de plancton. Cualquier modificación persistente en esos componentes puede influir sobre la distribución de especies, el comportamiento de los cardúmenes, las concentraciones de juveniles y la interacción con la fauna acompañante. Para la flota, una variación espacial puede traducirse en más días de búsqueda, cambios en el consumo de combustible, reprogramación de mareas o necesidad de operar desde otros puertos pesqueros.

En Argentina, la evaluación de los recursos debe continuar integrando campañas científicas, observación a bordo, información satelital y datos ambientales. La temperatura superficial aporta una señal útil, pero no reemplaza el seguimiento de biomasa, estructura de tallas, reclutamiento, oxígeno, clorofila y condiciones del fondo. En recursos de importancia comercial, la prudencia es especialmente relevante porque una concentración temporal de adultos puede ocultar una debilidad en las generaciones futuras.

La gestión también debe contemplar que una especie no respeta límites administrativos. Si cambia la distribución de un recurso o de su fauna acompañante, pueden aumentar los cruces entre áreas de operación, las capturas incidentales y la necesidad de coordinar medidas entre organismos nacionales y jurisdicciones provinciales. La adaptación no consiste únicamente en ampliar o reducir cuotas: incluye revisar vedas, zonas de protección, protocolos de monitoreo y criterios para abrir o cerrar áreas.

El contexto internacional refuerza la necesidad de seguir la evolución de la agenda ambiental vinculada con la actividad marítima y sus efectos sobre la planificación de la cadena pesquera. También resulta clave observar cómo los cambios en disponibilidad de recursos se relacionan con los costos logísticos y la operación de los puertos, especialmente cuando una flota debe modificar sus zonas habituales de trabajo.

Puertos pesqueros y plantas deberán prepararse para desembarques menos previsibles

El desplazamiento de especies no termina en el área de pesca. Cuando los cardúmenes cambian de ubicación, los puertos pesqueros pueden enfrentar variaciones en el volumen y en la composición de los desembarques. Una terminal ubicada cerca de una nueva concentración puede recibir más actividad, mientras otra pierde regularidad y debe afrontar capacidad ociosa en muelles, cámaras de frío, talleres y plantas de procesamiento.

La industria también puede necesitar adaptar líneas de producción, contratos de abastecimiento y destinos comerciales. Las plantas diseñadas para determinadas especies, calibres o temporadas no siempre pueden cambiar de manera inmediata. En el caso de los moluscos, además, los cierres sanitarios derivados de toxinas o bajo oxígeno pueden interrumpir la extracción incluso cuando existe demanda y capacidad instalada.

Para los exportadores, una mayor variabilidad biológica introduce riesgos sobre la programación de embarques, la continuidad de los contratos y la utilización de servicios frigoríficos y de transporte terrestre. Las empresas importadoras y los compradores internacionales, por su parte, pueden exigir información más detallada sobre origen, trazabilidad y sostenibilidad. La coordinación entre científicos, autoridades, armadores, trabajadores y operadores portuarios será determinante para evitar que una alteración ambiental se convierta en una crisis logística.

La fuente original de los datos y antecedentes citados puede consultarse en el informe publicado por Pescare sobre el récord térmico de los océanos y el mapa de las pesquerías. El seguimiento de la temperatura, la productividad y el reclutamiento permitirá establecer si el mar argentino mantiene una respuesta diferenciada o si las señales internacionales comienzan a trasladarse con mayor intensidad a la plataforma patagónica.

El calentamiento oceánico ya está modificando decisiones concretas sobre capturas, vedas, flotas y puertos en distintas regiones del mundo. Para la industria pesquera argentina, contar con información ambiental actualizada y reglas flexibles será esencial para anticipar cambios sin confundir una buena temporada con una recuperación estructural del recurso.

FAQ

Preguntas frecuentes

¿Qué es una ola de calor marina?

Es un período de al menos cinco días consecutivos en el que la temperatura del mar supera el percentil 90 correspondiente a una región y época del año. La medición se realiza contra el comportamiento histórico local.

¿Cómo afecta el calentamiento oceánico a las pesquerías?

Puede desplazar especies, modificar la disponibilidad de alimento, reducir el oxígeno, alterar la reproducción y debilitar el reclutamiento. También puede aumentar los costos de búsqueda y cambiar las áreas de operación de las flotas.

¿El mar argentino ya presenta el mismo impacto que otras regiones?

La información disponible indica que el impacto inmediato parece menor que en zonas como Alaska, el Pacífico nororiental, el Atlántico Norte o Japón. Sin embargo, la evolución debe seguirse con campañas científicas y variables ambientales integradas.

Equipo editorial

Valentina Bianchi

61 notas13 min de lectura

Editor digitalPesca

Autor del equipo editorial de Agenda Portuaria, especializado en puertos, logística, comercio exterior y sector agroindustrial.

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Conversación editorial

2 comentarios en esta nota

Sumate al debate sobre esta cobertura del sector portuario y logístico.

  1. Más allá de que el impacto en el mar argentino todavía parezca acotado, sería clave contar con monitoreos sostenidos y datos abiertos. Si las especies empiezan a correrse, cambia todo: rutas, costos, temporadas y hasta los conflictos entre flotas. Después siempre terminamos reaccionando tarde, cuando el recurso ya se movió y la planificación quedó vieja. También suma leerlo junto con una guía vinculada a impacto del calentamiento oceánico en la pesca.

  2. Más allá del impacto inmediato en las capturas, esto debe complicar muchísimo la planificación. Con sensores, datos satelitales e inteligencia artificial se podría anticipar mejor dónde se mueven las especies, pero también hace falta compartir esa información entre países y actualizar las cuotas rápido. Si el mar argentino todavía está relativamente estable, sería clave monitorearlo antes de que el cambio nos agarre sin capacidad de reacción.

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