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Ganancias: cómo cambió la carga para los asalariados y qué reformas se proponen

15/08/202612 min de lectura1 comentario

Un análisis del IARAF comparó cuatro niveles salariales entre 2019 y la actualidad y detectó una menor carga efectiva de Ganancias. Especialistas plantean deducciones personalizadas, créditos fiscales y una escala más progresiva.

Ganancias: cómo cambió la carga para los asalariados y qué reformas se proponen

La carga efectiva del Impuesto a las Ganancias sobre los asalariados disminuyó en la actualidad frente a la registrada en 2019, según un análisis del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF). El estudio comparó cuatro niveles de ingresos e incluyó el Sueldo Anual Complementario proporcional. Aunque el resultado muestra una reducción de las retenciones para los trabajadores alcanzados, especialistas tributarios advierten que el diseño vigente continúa siendo poco preciso: deja fuera a la mayoría de los empleados registrados, pero puede gravar ingresos que no reflejan la verdadera capacidad contributiva de cada hogar.

El Impuesto a las Ganancias volvió a quedar en el centro de la discusión económica por una combinación de factores que durante los últimos años alteró la relación entre salarios, inflación y retenciones. La falta de actualizaciones automáticas durante determinados períodos hizo que más trabajadores quedaran alcanzados por el tributo, aun cuando su mejora salarial respondiera principalmente al aumento general de precios y no a un incremento real de su poder adquisitivo.

Según Fuente original, la información se basa en Ganancias: cómo es la situación actual de los empleados y qué cambios deberían realizarse.

Ese proceso generó una percepción de inestabilidad entre los asalariados. Con niveles de ingresos similares, una persona podía pagar Ganancias en un momento y quedar fuera del impuesto después de una modificación normativa, una actualización de deducciones o un cambio en los parámetros. El resultado fue un sistema difícil de anticipar para empleados, empresas y áreas de liquidación de haberes.

En este contexto, el informe original publicado por El Economista difundió los resultados de una comparación elaborada por el IARAF entre la situación de 2019 y la actual. La entidad tomó cuatro salarios de referencia para observar cómo varió el peso del impuesto en cada caso.

Cuatro salarios de referencia muestran una menor presión del tributo

El ejercicio del IARAF contempló cuatro niveles de ingresos mensuales. El primer caso correspondió a un salario de $2.058.400; el segundo, a $4.448.640; el tercero, a $6.573.600; y el cuarto, a $9.428.800. En todos los escenarios se incorporó el proporcional del Sueldo Anual Complementario, conocido habitualmente como aguinaldo.

La comparación mostró que el trabajador incluido en el primer nivel no tuvo carga de Ganancias ni en 2019 ni en el período actual analizado. En los otros tres segmentos, en cambio, se observó una reducción de la participación del impuesto sobre el ingreso total.

La baja fue de 3,37 puntos porcentuales en el segundo caso, de 5,34 puntos en el tercero y de 5,89 puntos en el cuarto. Es decir, el alivio fue más marcado en los niveles salariales superiores considerados por el estudio. La fuente no informa en el material de referencia el monto final de retenciones para cada trabajador ni la diferencia absoluta en pesos, por lo que la comparación debe interpretarse principalmente en términos de carga porcentual.

El resultado no significa que todos los asalariados hayan experimentado la misma evolución. La incidencia depende del salario bruto, las deducciones admitidas, la composición familiar, los ingresos adicionales, la periodicidad de los ajustes y las normas vigentes durante cada período. Por eso, una reducción promedio o referida a casos testigo no reemplaza el análisis individual de cada recibo de sueldo.

La comparación con 2019 exige considerar inflación y cambios normativos

El año 2019 funciona como referencia porque permite observar un esquema previo a varias modificaciones que afectaron el cálculo del impuesto sobre los trabajadores. Sin embargo, comparar cifras nominales de distintos momentos requiere cautela. Un salario expresado en pesos no tiene el mismo significado económico con el paso del tiempo, especialmente en contextos de inflación elevada.

La actualización de los mínimos, las deducciones y las escalas puede evitar que el impuesto se transforme en una carga creciente por el simple efecto de la nominalidad. Cuando los parámetros no acompañan la evolución de los precios, un trabajador puede pasar a una categoría superior sin que exista una mejora equivalente de su ingreso real. Ese fenómeno suele denominarse deslizamiento fiscal y fue uno de los problemas asociados a la evolución del tributo en los últimos años.

También inciden las decisiones políticas. Los cambios en el piso a partir del cual se tributa, las modificaciones de las escalas y los tratamientos especiales para determinados niveles de ingresos pueden alterar de manera rápida el universo de contribuyentes. Para las empresas, esto obliga a actualizar sistemas de liquidación y revisar procedimientos cada vez que cambia la normativa.

El debate no se limita al mínimo no imponible

Una de las principales observaciones de los especialistas es que la discusión pública suele concentrarse en el mínimo no imponible, es decir, el ingreso a partir del cual una persona comienza a pagar Ganancias. Para Alberto Mastandrea, socio de BDO Argentina, ese enfoque resulta insuficiente para evaluar si el impuesto es justo o progresivo.

Según el especialista, la presión del gravamen sobre el trabajo argentino no sería elevada en términos internacionales si se la compara con la carga que soportan los trabajadores en otros países. La referencia citada ubica el costo laboral total de un trabajador argentino con salario promedio en el 33%, frente a un promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos del 35,1%. En Alemania, la proporción mencionada es del 49,3%, mientras que en Bélgica llega al 52,5%.

Es importante aclarar que esas cifras corresponden al costo laboral y no equivalen exclusivamente al Impuesto a las Ganancias. Incluyen otros componentes que recaen sobre el empleo, como aportes y contribuciones. La comparación sirve para mostrar que la presión tributaria sobre el trabajo debe analizarse de manera integral y no únicamente a partir de la retención visible en el recibo de sueldo.

Mastandrea también señaló que actualmente paga Ganancias alrededor del 8,2% de los asalariados registrados. Bajo esa perspectiva, la mayoría de los trabajadores formales no tributa el impuesto de manera directa, aunque sí enfrenta otros gravámenes incorporados en sus consumos y en el costo total del empleo.

Un piso elevado puede ocultar diferencias entre hogares

El diseño vigente se apoya, de acuerdo con el análisis citado, en un mínimo no imponible elevado y de aplicación general. A eso se suma una deducción especial que, según Mastandrea, es casi cinco veces superior al mínimo no imponible. Esa combinación explicaría por qué una proporción muy amplia de los trabajadores registrados queda fuera del impuesto.

El problema aparece cuando se compara a personas con el mismo salario, pero con realidades familiares y gastos muy diferentes. Un trabajador que sostiene un hogar con hijos, paga alquiler y afronta gastos médicos puede tener una capacidad contributiva distinta de otra persona con igual remuneración, pero sin esas obligaciones. Si el sistema utiliza un piso genérico y reconoce de forma limitada los gastos reales, la retención puede no reflejar esa diferencia.

Existen deducciones vinculadas con salud, educación y otros conceptos, pero los especialistas cuestionan que los importes computables no siempre representen el gasto efectivamente afrontado por el contribuyente. La consecuencia es que una parte de las erogaciones familiares queda fuera del cálculo, aunque reduzca de manera concreta el ingreso disponible.

Desde esta mirada, el impuesto puede presentar problemas en dos extremos. Por un lado, puede gravar como renta neta un ingreso que todavía debe destinarse a gastos esenciales. Por otro, al mantener fuera a la mayoría de los trabajadores, concentra la recaudación en una porción reducida del padrón y vuelve más intensa la disputa alrededor de los cambios en el piso.

La carga total también incluye IVA y aportes laborales

La discusión sobre Ganancias suele dejar en segundo plano los impuestos que se pagan de manera indirecta. Un empleado que no tiene retenciones por Ganancias puede tributar todos los días a través del Impuesto al Valor Agregado incluido en alimentos, servicios y bienes de consumo. La tasa general del IVA mencionada en el informe es del 21%, aunque existen tratamientos diferenciales según el producto o la actividad.

También forman parte del costo laboral las contribuciones patronales y otros componentes vinculados con el empleo formal. De acuerdo con el planteo de Mastandrea, si Ganancias recauda poco entre los asalariados de ingresos medios, el Estado obtiene recursos mediante impuestos al consumo y cargas asociadas al trabajo. Esa estructura puede resultar menos visible para el contribuyente, pero afecta el salario real y el costo de contratación.

La diferencia entre impuesto directo e indirecto es relevante para evaluar la progresividad. Ganancias aplica sobre los ingresos y utiliza una escala, mientras que el IVA se incorpora al precio final y puede representar una proporción mayor del ingreso disponible de los hogares con menor capacidad económica. Por esa razón, una reforma integral debería considerar el conjunto de tributos que inciden sobre trabajadores y familias.

Las alternativas propuestas: deducciones reales y créditos fiscales

Una de las reformas sugeridas consiste en reemplazar el piso genérico por deducciones vinculadas con gastos reales. Salud, educación y vivienda aparecen como rubros que permitirían individualizar mejor la capacidad contributiva. El objetivo sería ampliar la base del impuesto sin gravar ingresos que, en la práctica, se destinan a necesidades esenciales.

Esta alternativa exigiría reglas claras para documentar los gastos, límites razonables y mecanismos de control que eviten abusos. También demandaría sistemas simples para que los trabajadores puedan informar sus erogaciones y para que los empleadores incorporen los datos en la liquidación mensual. Si el procedimiento fuera demasiado complejo, el beneficio podría quedar restringido a quienes cuentan con asesoramiento contable.

El tributarista Darío Rajmilovich planteó otra posibilidad: organizar el impuesto alrededor de una unidad contribuyente familiar. La opción permitiría considerar de manera conjunta a los integrantes de un hogar y establecer una escala diferenciada respecto de las personas solteras. El argumento es que una pareja puede compartir determinados gastos y que las responsabilidades familiares modifican la capacidad económica disponible.

Rajmilovich también mencionó gastos de educación, medicamentos y donaciones como conceptos que podrían ajustarse a la situación de cada contribuyente. Sin embargo, propuso evaluar el reemplazo de las deducciones por créditos fiscales. A diferencia de una deducción, que reduce la base imponible y beneficia más a quien tributa con una alícuota elevada, un crédito puede descontarse como un importe fijo del impuesto determinado.

En términos distributivos, ese mecanismo podría producir un resultado más progresivo si el crédito tiene el mismo valor nominal para personas alcanzadas por alícuotas del 5%, 15% o 35%. La conveniencia concreta dependería del diseño, los topes, la posibilidad de trasladar saldos y la forma en que se combine con la escala general.

Una escala con más tramos para los ingresos de mayor jerarquía

Otra propuesta apunta a modificar la escala del impuesto y sumar alícuotas superiores al 35% para las personas con ingresos muy elevados, incluidos quienes ocupan cargos de alta jerarquía empresarial. Esta alternativa busca reforzar la progresividad en la parte superior de la distribución salarial.

El debate requiere distinguir entre salarios altos, rentas empresariales, honorarios profesionales y otros ingresos. Si el sistema aplica tasas mayores sin una definición precisa de la renta alcanzada, puede generar incentivos para transformar remuneraciones en beneficios, dividendos o conceptos no salariales. Por eso, cualquier cambio debería coordinarse con las reglas aplicables a empresas y trabajadores independientes.

También sería necesario evitar que la actualización de las escalas vuelva a producir saltos bruscos. Una estructura con más tramos puede mejorar la graduación del impuesto, pero debe contar con parámetros que acompañen la inflación y con una transición que no provoque aumentos repentinos de la retención cuando el salario apenas se ajusta para conservar su valor real.

Qué deberían seguir las empresas exportadoras y la cadena logística

Para las compañías vinculadas con puertos, transporte, comercio exterior y producción agroindustrial, los cambios en Ganancias tienen un efecto directo sobre los costos laborales y la planificación de recursos humanos. Las empresas de terminales, depósitos fiscales, agencias marítimas, operadores logísticos y plantas industriales liquidan salarios con estructuras que pueden incluir adicionales, horas extra, viáticos, premios y pagos variables.

Una modificación del mínimo, las escalas o las deducciones obliga a revisar presupuestos, contratos y proyecciones de costos. En actividades con operación continua, como la atención de buques, el almacenamiento de granos o el transporte de cargas, las horas extras y los turnos rotativos pueden alterar el ingreso mensual y cambiar la situación fiscal del trabajador.

La incertidumbre también puede trasladarse a las negociaciones salariales. Un aumento nominal destinado a recomponer el poder adquisitivo puede generar una retención mayor si los parámetros no se actualizan de manera coordinada. Por eso, las áreas de administración deberían simular distintos escenarios y comunicar con claridad la diferencia entre salario bruto, retenciones, aportes y remuneración neta.

En sectores orientados a la exportación, el costo laboral forma parte de la competitividad junto con el tipo de cambio, los fletes, las tarifas portuarias, la energía y la disponibilidad de infraestructura. Las empresas pueden consultar información complementaria sobre logística y costos operativos y sobre comercio exterior y competitividad exportadora para evaluar cómo una reforma tributaria se integra con el resto de la cadena.

El cambio de reglas también impactaría en la administración de contratistas y proveedores. Cuando una empresa terceriza mantenimiento, seguridad, transporte o servicios en una terminal, las variaciones del costo laboral pueden reflejarse en las tarifas contratadas. El efecto no necesariamente aparece de inmediato, pero puede incorporarse en renovaciones, licitaciones y acuerdos de prestación.

La comparación del IARAF muestra una menor carga de Ganancias en los casos analizados, pero el debate de fondo continúa abierto. La discusión ya no pasa únicamente por elevar o reducir el piso, sino por definir qué ingresos deben considerarse realmente disponibles, cómo reconocer las obligaciones familiares y qué combinación de impuestos permite financiar al Estado sin castigar de forma desigual a trabajadores y empresas. Un sistema más previsible facilitaría la liquidación de haberes, la planificación empresarial y la toma de decisiones en toda la cadena productiva y logística.

FAQ

Preguntas frecuentes

¿Qué mostró la comparación del IARAF entre 2019 y la actualidad?

El análisis detectó una menor carga porcentual de Ganancias en tres de los cuatro niveles salariales evaluados. En el primer caso, el impuesto fue nulo en ambos períodos.

¿Cuántos asalariados registrados pagan actualmente Ganancias según la fuente?

El especialista Alberto Mastandrea indicó que el impuesto alcanza aproximadamente al 8,2% de los asalariados registrados.

¿Qué cambios proponen los especialistas?

Entre las propuestas aparecen el reconocimiento de gastos reales de salud, educación y vivienda, la creación de créditos fiscales, una unidad contribuyente familiar y una escala con alícuotas superiores para los ingresos más altos.

Equipo editorial

Nicolás Salvatierra

7 notas12 min de lectura

Editor digitalInformes

Autor del equipo editorial de Agenda Portuaria, especializado en puertos, logística, comercio exterior y sector agroindustrial.

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Seguí la cobertura de Agenda Portuaria sobre puertos, logística, comercio exterior, campo, pesca y energía en Argentina y la región.

Conversación editorial

1 comentario en esta nota

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  1. Interesante la comparación, aunque me queda la duda de cómo se midió la carga efectiva cuando hubo inflación, cambios de escalas y ajustes salariales tan dispares. Las deducciones personalizadas podrían hacer el sistema más justo, pero también más difícil de administrar. Estaría bueno ver ejemplos concretos por nivel de ingreso y composición familiar.

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