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Pesca

Más exportaciones, menos caja: la crisis de rentabilidad pesquera

02/08/202610 min de lectura2 comentarios

La pesca argentina exporta más volumen y dólares, pero muchas empresas enfrentan dificultades para financiar la próxima marea por el peso de los costos, los impuestos, el financiamiento y los plazos de cobro.

Más exportaciones, menos caja: la crisis de rentabilidad pesquera

La industria pesquera argentina puede aumentar sus exportaciones y, al mismo tiempo, perder dinero o quedarse sin fondos para volver a operar. La diferencia entre facturación, resultado contable y efectivo disponible se volvió decisiva para una actividad que debe pagar combustible, salarios, reparaciones, insumos y servicios portuarios mucho antes de cobrar la mercadería vendida en el exterior.

Los datos oficiales muestran una actividad con fuerte capacidad para generar divisas. Durante 2025, la pesca argentina exportó 549.416 toneladas por un valor de USD 2.010 millones, con subas interanuales del 3,9% en volumen y del 4,3% en dólares. En el primer semestre de 2026, el universo de operaciones informado registró 334.664,8 toneladas por USD 1.173,3 millones, según el Informe de Coyuntura elaborado por la Dirección de Planificación Pesquera a partir de información del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

Según Fuente original, la información se basa en ¿Por qué las pesqueras exportan más y aún así pierden dinero?.

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Sin embargo, esos montos describen el valor comercial de los embarques, no la ganancia final de cada compañía. Entre el momento en que un buque sale del puerto y el cobro de la exportación existe una cadena de obligaciones que puede consumir buena parte del ingreso. Por eso, una empresa puede exhibir una facturación creciente y no contar con capital suficiente para financiar la siguiente salida.

exportaciones caja: El dinero de la exportación no llega al mismo tiempo que los gastos

La operación pesquera comienza a demandar fondos antes de que la embarcación abandone el muelle. La empresa debe afrontar combustible, remuneraciones, cargas sociales, víveres, seguros, mantenimiento, artes de pesca, servicios de muelle y eventuales reparaciones. Cuando la marea termina, todavía quedan la descarga, el procesamiento, el almacenamiento en frío, los controles sanitarios, la documentación aduanera, el transporte y la entrega al comprador.

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El cobro puede producirse varias semanas después y, en determinados negocios, extenderse hasta 120 días o más desde la captura. Durante ese período, la compañía actúa en los hechos como financiadora de su propia venta: adelanta fondos para producir y espera recuperar el dinero cuando el cliente internacional cancela la operación. Si el capital de trabajo es insuficiente, una empresa rentable desde el punto de vista operativo puede quedar paralizada por falta de liquidez.

La situación se vuelve más compleja cuando los costos locales suben por encima del ingreso efectivo obtenido por cada tonelada exportada. Los compradores internacionales comparan la oferta argentina con langostinos de cultivo, merluza de otros orígenes, camarones de aguas frías, calamares y otras proteínas marinas. En ese mercado, la empresa tiene un margen limitado para trasladar al precio final los aumentos registrados en salarios, energía, mantenimiento, impuestos o servicios portuarios.

Una misma estadística reúne pesquerías con resultados muy diferentes

El crecimiento agregado del sector no significa que todas las flotas atraviesen el mismo escenario. Un potero dedicado al calamar, un fresquero de merluza que abastece a una planta en tierra y un congelador langostinero tienen ciclos productivos, necesidades de inversión y estructuras de costos distintas.

Durante 2025, el precio promedio del calamar aumentó 11,5%, mientras que el del langostino avanzó 12,8% y el de la merluza apenas mejoró 1%. Esa diferencia puede cambiar por completo el resultado de una marea. Una pesquería con mayor precio internacional puede absorber mejor los costos, mientras que otra necesita aumentar el rendimiento, reducir tiempos improductivos o mejorar la presentación del producto para sostener el margen.

Los datos del primer semestre de 2026 también muestran comportamientos divergentes. El langostino registró exportaciones por 58.934,3 toneladas y USD 430,3 millones, con un precio promedio de USD 7.301,8 por tonelada. El producto entero congelado alcanzó USD 6.604,9 por tonelada, mientras que las presentaciones distintas del entero llegaron a USD 7.789,6. La diferencia de USD 1.184,7 por tonelada refleja el efecto del procesamiento, la presentación comercial y los mercados de destino, pero no constituye por sí sola una ganancia empresarial.

En el caso de los calamares y potas congelados, se informaron 168.112,6 toneladas por USD 466,8 millones. El volumen creció 0,4%, aunque el valor cayó 0,3% y el precio promedio retrocedió 0,8%. Las merluzas congeladas, en cambio, alcanzaron 62.911 toneladas y USD 166,8 millones, con incrementos del 28,1% en volumen, del 34,9% en divisas y del 5,4% en el precio medio.

La lectura es concreta: producir o exportar más no garantiza una mejora equivalente en el resultado. Antes de calcular la rentabilidad deben descontarse combustible, tripulación, mantenimiento, frío, procesamiento, fletes, seguros, derechos, gastos bancarios, impuestos y administración.

Los límites de las estadísticas disponibles

El Informe de Coyuntura de junio de 2026 advierte que determinadas posiciones arancelarias están alcanzadas por restricciones de confidencialidad. Por ese motivo, las tablas publicadas no representan necesariamente el universo integral de las exportaciones pesqueras, sino el conjunto que pudo ser informado con el mayor nivel de desagregación permitido por el secreto estadístico.

La precisión es relevante para evitar comparaciones apresuradas. Las estadísticas oficiales presentan toneladas, valor FOB y precio promedio de exportación, pero no incluyen la estructura de costos de cada empresa, el rendimiento por marea, el estado de los buques, el nivel de endeudamiento ni el plazo real de cobro. Esos factores permanecen dentro de los balances y de la gestión financiera de cada compañía.

Resultado contable y efectivo disponible son magnitudes distintas

Una de las principales dificultades consiste en confundir una utilidad registrada con dinero disponible. Bajo el criterio de lo devengado, una venta puede reconocerse como ingreso aunque el comprador todavía no haya pagado. Del mismo modo, la mercadería almacenada integra el activo y los créditos fiscales o reintegros pendientes pueden mostrar un valor positivo, aunque no estén disponibles para pagar combustible o salarios.

Una firma puede tener recursos inmovilizados en productos terminados, cuentas por cobrar, saldos fiscales y anticipos impositivos. Todos esos activos tienen valor contable, pero ninguno reemplaza el efectivo necesario para mantener la operación. En la pesca, donde cada marea exige una inversión previa, esa diferencia puede definir si un buque permanece amarrado o vuelve a zarpar.

También existe el efecto inverso. Las amortizaciones de buques, plantas y maquinaria reducen la utilidad contable, aunque no representen necesariamente una salida de fondos durante ese ejercicio. El concepto refleja el desgaste económico de activos que deberán repararse o reemplazarse. Por eso, un balance debe distinguir entre resultado operativo, resultado financiero, depreciaciones y flujo real de caja.

La inflación agrega otra capa de complejidad. Los estados contables se expresan en moneda homogénea y reconocen la pérdida de poder adquisitivo sobre las partidas monetarias mediante el resultado por exposición al cambio en el poder adquisitivo de la moneda, conocido como RECPAM. Una compañía con créditos y capital de trabajo en pesos puede sufrir el efecto de la inflación, mientras que una estructura con determinados pasivos monetarios puede mostrar un resultado diferente.

Intereses bancarios, diferencias de cambio y costos de financiación pueden convertir una operación pesquera razonable en un ejercicio deficitario. El problema no necesariamente está en la captura o en la venta, sino en el costo de sostener el ciclo hasta que la exportación se transforma efectivamente en dinero.

Impuestos, derechos y tasas presionan sobre la continuidad de la flota

La ecuación incluye además el Derecho Único de Extracción, las tasas portuarias y los derechos vinculados con las Cuotas Individuales Transferibles de Captura. En 2026, el Consejo Federal Pesquero suspendió temporalmente el DUE para capturas de merluza común y variado costero realizadas por buques fresqueros. También dispuso una reducción del 50% en el derecho de transferencia de CITC de merluza para ese segmento.

La fundamentación de la Resolución CFP N.º 2/2026 reconoció el deterioro de las condiciones económicas y operativas de la flota fresquera. La medida no elimina la totalidad de los problemas, pero evidencia que la presión acumulada sobre costos, ingresos y disponibilidad financiera alcanzó un nivel que afecta la continuidad de determinadas operaciones.

La carga tributaria también puede retirar fondos en momentos críticos. Para los ejercicios iniciados desde el 1.º de enero de 2026, las sociedades deben considerar la escala vigente del Impuesto a las Ganancias. En el tramo superior, la alícuota marginal llega al 35% sobre la porción correspondiente. Cuando las utilidades se distribuyen a accionistas alcanzados por el gravamen, se suma una retención del 7% sobre los dividendos, con una carga marginal combinada de hasta 39,55% en el tramo máximo.

El régimen contempla nueve anticipos anuales, cada uno equivalente al 11,11% de la base calculada sobre el impuesto determinado en el ejercicio anterior, con las deducciones admitidas. Una empresa que haya determinado $90 millones de impuesto podría enfrentar pagos cercanos a $10 millones por anticipo durante el ejercicio siguiente, incluso si luego afronta menor captura, una reparación extraordinaria o una caída de precios.

El anticipo funciona como pago a cuenta del impuesto futuro, pero en el corto plazo reduce la tesorería y se transforma en un crédito fiscal. ARCA permite solicitar una reducción cuando la obligación proyectada resulte inferior, con condiciones que pueden habilitar el trámite desde el primero, tercero o quinto anticipo según la magnitud de la diferencia estimada. La herramienta puede aliviar el descalce, aunque exige proyecciones respaldadas y una detección temprana del deterioro.

La caja define si un buque pesquero vuelve a salir del puerto

El desbalance financiero tiene una incidencia directa en los puertos pesqueros, los talleres navales, las plantas de procesamiento, las empresas de frío, los transportistas y los proveedores de servicios. Cuando una firma posterga una marea por falta de fondos, el efecto no queda limitado al armador: se retrasa la contratación de tripulaciones, disminuye la demanda de reparaciones, se reduce el movimiento de cargas y puede afectar el abastecimiento de las plantas en tierra.

En los grandes congeladores merluceros, el capital de trabajo necesario puede alcanzar varias veces el valor de una carga completa de bodega, de acuerdo con el planteo sectorial citado en la fuente original. La magnitud muestra que la discusión no se agota en el precio internacional. También importa cuánto tiempo permanece inmovilizado el dinero, cuánto cuesta financiarlo y qué nivel de riesgo asume la empresa hasta cobrar.

La rentabilidad requiere ordenar la operación completa: medir el costo por marea, controlar el consumo de combustible, reducir tiempos improductivos, programar mantenimientos, evaluar el rendimiento por especie y presentación, negociar plazos compatibles con el ciclo financiero y separar los fondos destinados a impuestos de los recursos necesarios para operar. No se trata de reemplazar la política pesquera ni de ignorar los costos regulatorios, sino de conocer con precisión qué parte del ingreso queda después de cada etapa.

En ese análisis también resulta útil seguir la evolución de la actividad pesquera y portuaria argentina, junto con la información sobre costos, comercio exterior y desempeño de las pesquerías. La fuente original de este análisis puede consultarse en el artículo de Pescare sobre exportaciones y rentabilidad pesquera.

Las exportaciones récord son una señal de capacidad productiva y comercial, pero no garantizan por sí mismas la supervivencia de las empresas. En una actividad donde el buque debe gastar mucho antes de vender y cobrar, la continuidad dependerá de transformar el valor exportado en margen suficiente y en efectivo disponible para sostener la próxima marea.

FAQ

Preguntas frecuentes

¿Por qué una pesquera puede exportar más y perder dinero?

Porque el valor exportado representa ingresos brutos y no descuenta combustible, salarios, mantenimiento, impuestos, financiamiento, servicios portuarios ni procesamiento. Si esos costos superan el margen obtenido por la venta, la empresa puede registrar pérdidas aunque aumente el volumen exportado.

¿Qué diferencia existe entre rentabilidad y capital de trabajo?

La rentabilidad mide el resultado económico de la operación, mientras que el capital de trabajo es el efectivo disponible para pagar obligaciones inmediatas. Una empresa puede mostrar utilidad contable y tener fondos inmovilizados en mercadería, créditos fiscales o cuentas por cobrar.

¿Qué productos pesqueros mostraron comportamientos diferentes en 2026?

Durante el primer semestre, el langostino alcanzó USD 430,3 millones, los calamares y potas congelados sumaron USD 466,8 millones y las merluzas congeladas llegaron a USD 166,8 millones. Cada grupo tuvo variaciones diferentes en volumen, valor y precio promedio.

Equipo editorial

Valentina Bianchi

61 notas10 min de lectura

Editor digitalPesca

Autor del equipo editorial de Agenda Portuaria, especializado en puertos, logística, comercio exterior y sector agroindustrial.

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Conversación editorial

2 comentarios en esta nota

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  1. El dato de exportar más y terminar con menos caja muestra que mirar solo toneladas o dólares puede ser engañoso. Estaría bueno ver una serie por especie y tamaño de empresa, separando precio, costos y días de cobro. Si la próxima marea se financia con deuda cara, el problema ya no es productivo: es directamente de capital de trabajo.

  2. Es increíble que con más volumen y dólares exportados muchas empresas igual no puedan financiar la próxima marea. Ahí falta mirar los números con más detalle: costos en tiempo real, trazabilidad y herramientas de crédito podrían ayudar, pero si los cobros llegan tarde y la carga impositiva no afloja, la tecnología sola no hace magia.

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